Campo Bioeléctrico
Los cuerpos estelares,
de cada almateria,
poseen arcos bioeléctricos,
velos de ondas iónicas,
playas del colisionador.
Los tejidos atómicos,
prendas, vellos, piel,
pelusas, pelos, pelajes,
escamas, cabellos, plumas…
¿Te imaginas
quitarte la dermis,
quitarte los pétalos,
quitarte las escamas,...
el pelaje que te cubre?
Aquello que
no hace vulnerables,
aquel desprendimiento
de los velos,
de cada núcleo,
desgastando las pieles.
Cual cebolla del pristal,
hasta quitarnos la luz,
de nuestros conductos,
del corazón cuántico.
Cada tejido recubriente
es la antena que capta
los mensajes ondulatorios,
cada quark un espejo
del prisma interdimensional
trenzado cada holograma
en radiación apristalada.
La pureza del alimento
hilvana la conciencia,
junto a los golpes ondulares
que irradian las estrellas,
o las sombras que opacan.
Los portales del velo
de la almateria,
el colisionador
capta el entorno ondulante
absorbiendo cada patrón.
Captan las ondas asociativas
del pristal refractante,
que graba las sombras
de la noche, de la desesperación,
del miedo, del silencio,
del pavor, del dolor,
de la traición, de las discusiones,
de la violencia, de las peleas...
de los recuerdos, de la nostalgia,...
Escenas de acción y drama,
de suspenso gélido,
frío y calor extremo,
la infidelidad y la fornicación,
Aquella ambición desmedida,
la gula, el desorden alimenticio,
el alcoholismo envenenante,
la polución asfixiante...
Son patrones intencionales,
el escenario que programa
el código que se funde
en los pristales neurales
en distorsión de la Sinfonía cuántica,
en cacofonía y afonía
hasta aniquilar los núcleos.
Es este el síntoma
del supermasivo
devorando la luz
y a la materia mecánica.
Alquimizan las baterías energéticas
alterando el campo de la nave,
el viaje espiral del huracan sorbente
de las almaterias y del mundo.
Somos materia mecánica
luciérnagas estelares
sufriendo el desgaste
en cada giro, en cada paso,
en el eterno viaje existencial.
Una travesía de caminos llanos,
escarpados, en turbulencia,
en el infierno cuántico,
en cada abismo...
Que desvela el secreto
en nuestros reflejos
en el lente estelar
en el pristal puro.
Aquella constante sublime
que nuestras manos siembran
y cultivan el jardín cuántico,
la Pachamama redentora
de la vida eterna.
El radar y mapa que decodifica
los datos cifrados
de la comunicación cuántica,
es la piel de nuestras estrellas,
nuestro campo vibracional.
Aquellos mensajes intencionales,
infillones de agudos
filos iónicos que viajan silentes
en diversas direcciones
en el espacio a través
atravesando sin percance
en los velos conductores
para producir diversas
respuestas fotoneuroalquímicas.
Las pieles ondulan el calor
en los pristales,
sosteniendo el pilar
ardiente de los latidos.
El néctar alquímico
es sombra o luz,
las intenciones cargan
estas agujas.
La urdiembre de cada dimensión
son cuerdas multiversales
que capturan las resonancias
que encienden
la conexión del pristal
de la conciencia,
que yace en la pureza
y brillo del quark.
El ADN, el ATP,
cada enlace cuántico,
cada proceso alquímico,
es el fruto cósmico
de la misma evolución,
del viaje luminar.
La expresión intencional
del espectro ondular
que controla los pristales,
el rostro estelar.
Cada herida, cada lágrima,
cada grito ondular,
sollozando en el túnel
con hambre, sed, insomnio,
sobre las espinas sombrías,
espectros blasfemos,
larvas sórdidas.
El desgarro, el estrés,
son las fauces del huracán
del supermasivo que despellejan
desprenden las paredes
el velo cuántico, el dolor,
es el síntoma del infierno
de los dientes del Hades.
La tristeza, el vacío abierto,
es la fuerza oscura
devorando la fuerza ondular,
aspirando la energía bioeléctrica.
El infierno cósmico
de las larvas sórdidas
a la invasión de los espectros
del Hades que terminan
declinando el latido
en el abismo sin retorno.
El espacio energético
se forma en las capas
que cubren la membrana
consonante del pulso latente.
Cada latido es el patrón
del amor configurado,
el latido de la luz,
el sello de la vida,
fractando más amor
en el caleidoscopio multiversal,
las sombras fractan
más sombras y desolación.
Urdiendo un vórtice cuántico
donde fluctúan las fuerzas
electromagnéticas del cuerpo,
la rotación de la estrella.
El eco de la ruptura
y de las heridas del pasado
de las otras almaterias
de un linaje, repiten las heridas
en el fractal en cada generación,
mostrando el bucle
del mismo golpe
en cada hijo.
La conciencia humana
es la pureza del pristal
que permite borrar
el eco desgarrado
del patrón repetitivo,
borrando el vórtice
con la radiante luz.
El vacío del desgarro
se rompe con el amor,
con la alimentación
bioluminocuántica.
El calor del abrazo,
del aliento, los gestos
luminostálgicos,
la ética diáfana
el amor sellado
en los cuerpos estelares.
Los ámbitos cuánticos
delinean la belleza
de la flor estelar,
el calor de la madre,
el calor de las pieles
donde reposa y sueña
la conciencia fractal.
El abrazo es la interacción
bioeléctrica de los campos cuánticos
que alienta al entrelazo nuclear,
enlazando a las almas
en sinfonía y sincronía.
No es sólo química,
es concordia cuántica
que atrae a las almaterias
en alquimia bioeléctrica
llamada entrelazo cuántico.
La mirada, el saludo, el abrazo,
el diálogo, el susurro, el beso,
la conexión de los portales,
la colisión de las pieles.
El entrelazo del proceso,
de la conexión cuántica
que permite desvelar
la constante existencial,
es el amor a los hijos,
a la amada, a los padres,…
El contacto de los pristales
ondula el entrelazo
de los rayos lumínicos
que refractan en los campos
de cada holograma jadeante.
El amor es la conexión
ondular de dos estrellas
atraídas por sus campos
biocuánticos, es alquimia
mágica cósmica tejida
por las fuerzas adyacentes
en su carácter isolineal.
El amor es el elíxir,
la fuerza enigmática,
una conexión ancestral
del lazo divino,
conector de las almaterias,
el lazo alquímico
de la existencia.
Gracias a este enlace
nacen las aves,
crecen en el nido cósmico,
aprenden a domar el cielo
con sus alas de libertad.
Y vuelven al ciclo
del fruto estelar,
volviendo a germinar
una y otra y otra vez
las semillas ubérrimas.
Con bellas pupilas,
con pétalos del fulgor
interdimensional,
la flor cuántica
de la primavera
imperecedera.
El cauce titilante
de las luciérnagas,
el océano de luces,
donde un ser supremo
se desplaza en los latidos,
el conector cuántico,
la chispa luminaria, Dios.
--Christian Aycho Carbajal
"Poema dedicado al despertar
de la conciencia diáfana".



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