El Laboratorio
La vida es el péndulo,
el suspiro de la esperanza,
el susurro de la estrellas
que se mueve en la constante
de nuestra felicidad,
de nuestros sueños más sublimes.
Es aquella que nos une
en la contemplación
de toda la creación sagrada,
de la belleza del firmamento,
en el abrazo de los hombres,
en el amor, en un beso
en la familia, en el linaje...
El entrelazo cuántico,
que une a todas las especies,
que disfrutan de su interacción social
en todas las escalas del multiverso.
Pero, hay algo que irrumpe
el velo social de las especies,
un horizonte reconfigurado
delinea tu rostro, tu ser,
tu almateria capta
los estímulos fisicoquímicos
que quiebran tu cuerpo,
alterando los latidos
y el nivel de vida.
Pincelan y distorsionan
los procesos neuroalquímicos:
con: crisis ecológica, guerras,
crisis del hambre y la salud,
Con cada dato,
con cada algoritmo erróneo,
que cultivaron en nuestras mentes,
comemos aquello que envenena
y altera los núcleos celulares
de la transcripción genética,
tuercen la impresión embrional.
A través de los cometas bélicos
irrumpen en la sinapsis
de la humanidad y de las especies,
sometidos a estos bucles
o espejismos maquinados.
Modifican el latido
merman la esperanza
y el alcance intelectual de los seres,
limitándolo a la superficie del cubo.
El cubo es la membrana invisible
cubierta por todos los portales
que vierten las ondas sombrías
en el manantial cuántico.
Si lo miras desde la dimensión
de un tercer observador
podrás contemplar un atroz escenario.
Verás espectros conectando,
los puentes del fluido
que encauzan lodos sombríos,
que activan los vórtices
del cataclismo neural.
Verás espectros programando
el infierno y sabrás para qué,
mientras observas perplejo
la torsión de los cuerpos,
sufriendo las ondas de intención,
de los algoritmos corruptos.
Por la rendija de la intención
se filtran los espectros,
que liban tu esfuerzo, el estrés
mientras forjas con sudor y lágrimas,
la compra del dolor,
la compra del proyector
del infierno abismal.
Modas, desórdenes de alimentación,
contraalimentos, drogas, alcohol,
peleas, odios, miedos, pavor,
terror, desconfianza, traición,
infidelidad, holocaustos, panacea...
Tejen el deterioro de nuestra genética,
los nuevos cuerpos nacen con fallas,
que yacen en el origen de la fuente,
alimentación y golpes iónicos
en el río neuroalquímico.
El bucle, la prisión del Hades,
un laboratorio donde la humanidad
ama a los espectros que les inyectan
las dosis del dolor, del infierno cuántico.
Podrás ver como luego
de asimilar estas oscuras dosis
ondulantes que inundan
las galaxias neuroalquimicas.
Se pelean entre humanos,
entre hermanos, dividiéndose más,
se rompen los velos sociales,
se autoaniquilan los núcleos familiares
que desgarra el linaje existencial.
Libamos las cápsulas sombrías,
de la dosis para no tener hijos,
ahora muchos no desean tener hijos.
Las familias se han quedado
sin linaje, sin el hilo conductor
del núcleo de la vida, rompiéndose
el lazo del futuro existencial.
Se esfumaron las sonrisas,
las travesuras, las caritas
de la felicidad en silencio espectral,
donde se disfruta el abandono
hasta de nuestras propias sombras.
El ego es el abismo de las almaterias,
la envidia, la ambición, la hipocresía,
la arrogancia, el racismo,...oscuros
algoritmos que alejan a las personas,
nos disocian del velo social
líneas del cubo, la prisión infernal.
La salida está por la puerta,
la jamba por dónde las sombras
se volvieron huéspedes caros
depende de ti, disipar
estos espectros que habitan
en el interior de tu espejo cuántico.
Todos tenemos la esencia,
la pureza de nuestras almaterias,
ellas se funden en nuestro
manantial cuántico, donde irradia
la energía bioeléctrica limpia,
la contaminación no es solo externa,
es el mismo patrón replicado,
en nuestro intrauniverso.
Tú decides ahora depurar,
tu templo sagrado,
donde yace la conciencia,
la esencia y la chispa sagrada,
la razón pura y existencial.
En nuestra sinfonía cuántica,
aquellas donde las estrellas
delinean nuestras sonrisas,
nuestros latidos galácticos,
en la eternidad interestelar.
--Christian Aycho Carbajal



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