IX Canto a Dios
Mi pluma, mi teclado
mis manos, mis ojos
mi neuroalquimia
mi pecho y mi ser
se redimen en ti
Dios mío, mi alba.
Plasma en mí,
las melodías
de tu chispa ondular
en cada uno
de mis latidos.
Dios mío, he visto
flores mustias
morir en la penumbra
en la sequía,
de la indiferencia espectral.
En la miseria infernal,
de los hombres obcecados
que te negaron y se alejaron,
en mazmorras opresoras
en bucles mentales.
He visto, mi Dios,
los rostros del egoísmo,
de la ambición,
hablando en altisonante voz
de ayuda al prójimo...
Vaya ¡Qué ayuda!,
espectros vertiendo
las nieblas del odio,
oscureciendo el camino
de otras almaterias
con vidrios, espinas,...
Quitándoles sus calzados
echándolos a las brasas
y volviendo a las sinagogas
a pedir tu perdón...
Remolinos del río negro
que succionan la asfixia
de almaterias errantes
echadas al abismo
del vacío del Hades.
Bramando entre lágrimas,
liturgia ante tus ojos
guirnaldas en tus altares,
protocolos rimbombantes,
pero sombras a tus espaldas,
en pólvora, polvo, ruinas
y huesos del prójimo.
He visto políticos
sin esencia, vociferando
justicia, derechos
lamiendo la confianza
para luego devorar
hasta los huesos sociales
dejando que el Hades
gobierne los pueblos.
Dejando en escombros y crisis,
la esperanza del hombre,
de los pristales brillantes
de las luciérnagas cósmicas.
Señor, he visto
muy de cerca
raíces y bocas
morir de sequía,
frente a los reservorios
del avaro ambicioso
cerrando las llaves y
libando en cálices de oro
el sudor infernal
el estrés ácido.
He visto también
la incoherencia,
las caretas descartables,
que tiran desechos
en sus propias fuentes
de las que liban sedientos.
He sentido el dolor
de un padre,
de una madre
que no pudieron
tener un hijo a tiempo.
Mirándose a los ojos
entre los umbrales
del silencio, de la soledad,
envejeciendo en el reflejo
de sus puertas, sentados
frente a sus ventanas
Palpitando luminostalgia,
en la esclavitud que devoró
años de fuerza útil
devorando sus sueños
su juventud, para mantener
el poder deshumanizante.
Hoy, ni el dinero ahorrado
puede regresar el tiempo
y darles el hijo deseado,
solo abrazar el destino.
Señor, he visto muchas
almaterias deseando
una mejor vida,
pero la maldad es escollo:
la envidia, la conspiración,
son clavos neurales.
He contemplado almaterias
que blasfeman contra otros,
desgarrando sus pristales,
socavando sus traspiés.
Eclipsando la esencia;
en cada giro
de otros cuerpos
cual si sus vidas fueran
radiantes patrones de luz.
Hay personas que desean
el mal a quienes lograron
el éxito profesional,
un emprendimiento,
un restaurante reconocido,
un hogar, un rito,
un vientre y el entrelazo feliz.
Señor, yo me siento feliz
con el éxito de las personas,
me alegra ver
a las personas,
a los enamorados,
a las familias felices,
porque en ellos irradias
en cada latido feliz
la ternura de tu luz;
tú vibras en cada núcleo.
Porque esa es tu bendición,
la Sinfonía Cuántica,
el almíbar alquímico
las constantes existenciales.
Admiro sus esfuerzos
y les deseo tu bendición,
mi Dios, y que nunca
nadie desgarre
estos lazos.
A aquellas personas
que un día me envidiaron,
me hirieron, me ofendieron
o me desearon el mal,
mi Dios, no los odio,
les deseo el bien,
el buen augurio, y he orado
a ti, mi Dios, para que los
protejas
y despliegues esas sombras
que tuercen sus corazones.
Señor, para aquella persona
que dice ser mi enemiga,
desprende de su corazón
esos males y llénalo
de amor, Dios mío.
Yo los quiero, los valoro,
porque son tus hijos como yo,
yo también he fallado,
he tenido errores,
He caído pero
he salido del túnel, mi Dios,
porque tú, has estirado
tu mano que me sacó
del algoritmo malicioso,
que torsiona mi sistema
interdimensional.
Mi Dios, yo sé
que hay hijos deseados
que pudieron nacer,
dejando vacíos en el pristal
de las parejas.
Yo sé también
que hay hijos abandonados
en calles, en pueblos...
Señor, hay muchos
de tus hijos en peligro,
pasando crisis, anemia,
violencia, hambre, sed,
guerras, holocaustos...
Señor, yo sé que la humanidad
necesita dialogar más,
unirse en clubes,
asociaciones, grupos,
comunidades, iglesias,
encuentros familiares...
para reavivar el velo social.
Señor, yo sé
que no somos archipiélagos
ni islas; somos el ser social
por naturaleza cuántica.
Y sé que la humanidad
volverá a abrazarse
para reavivar la
alquimia existencial
que a todas
las almaterias nos diferencia.
Señor, en el quantum
de mi pecho
y en el corazón de todos
los cuerpos estelares,
latís tú, y te canto a ti,
creador nuestro y chispa
de nuestra existencia.
He perdonado
cada herida, mi Dios,
cada desgarro
en mis pristales,
porque tu luz calcina
las sombras del Hades.
Tenía una herida,
Él la curó,
la cicatrizó con amor,
quitó mis costras.
Disipó el recuerdo
de las heridas
y ahora Dios mío,
mi suspiro es tu aliento
la fuerza que purifica
mis pristales heridos.
Mi corazón
late de alegría
y gozo,
la sincronía cuántica
la paz cósmica,
que yace en el latido
de todos, mi Dios.
—Christian Aycho Carbajal



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