Bucle de Violencia
El quantum es un velo
cósmico-social;
el espejo que trenza
a toda la humanidad,
a todas las especies,
a todos los núcleos vivos.
No estamos divididos,
estamos interconectados
en capas, en niveles,
en multiversos,
en interdimensiones.
Es el amor humano,
el calor del latido,
la fuerza enlazante
la carga bioeléctrica,
la chispa primordial.
Pero en cada capa
existen bucles,
agujeros negros
que desgarran
la piel cuántico-social.
Hay espectros malditos
que se introducen
por la ventana cuántica
en la galaxia neural,
torciendo los patrones
con rumores blasfemos.
Son portales tejidos
en narrativas, en tecnología,
en pulsos, en vibraciones,
con sellos intencionales
que fractan el multiverso
rompen la conexión
de nuestra existencia.
En modas torcidas,
en estereotipos,
en razones brutas,
en falsas caretas,
en mensajes del colapso,
en patrones del horror.
Aquellos que aniquilan
la razón existencial,
la felicidad neuroalquímica,
apagando el calor humano.
Helando nuestras almaterias
en cometas errantes,
sin rumbo, sin órbita,
sin visión dimensional.
Este flagelo,
estas sombras…
¡hoy cambiarán!
por radiante fulgor
de la consciencia.
En el velo social
de la familia,
el nido cósmico
del entrelazo
existencial,
yace una almateria
humana y frágil.
Ella está allí sentada,
contemplando
las escenas del hoy,
tratando de esconder
los versos oscuros.
Aún guarda
el sinsabor,
el rencor
en sus cicatrices;
todo fue ayer.
Un hoy marcado
donde aún pulsan
las heridas sombrías
en su mirada,
en su rostro.
En sus cielos cruzan
siniestros péndulos
que sorben galaxias neurales
donde fluyen ríos de memorias,
de flagelos y reflejos.
Aquel dolor de quien odia,
de quien no fleja amor
a aquel espejo suyo,
a la sangre de su sangre,
en quien odio sembró.
Cada desgarro infernal
empujó su almateria
al destierro, a una ruta
desconocida, cuyos ecos
refractan las sombras
del Hades.
Ella necesitaba arrullos,
el amor, la sabiduría,
el consuelo de un padre,
aquel abrazo sincero
que heló su visión.
Mas siempre hubo
un ocaso crepitante
que lastimaba sus mejillas,
sumiendo su esencia
en violencia traumática.
Aquella turbia brasa
de la barbarie infernal,
que golpea el quantum;
sus ojos reparpan de dolor
en cada latido del corazón.
Reverberando pavor
en cada lágrima,
en lamentos,
en sollozos,
en jadeos siniestros
que transfiguran al humano
en bestias frías,
sin remordimientos,
sin sentimientos.
Un día llegué tarde
del colegio;
fui a la casa
de mi compañera,
mi mejor amiga.
Era su cumpleaños;
su querida madre
le preparó una cena
a la cual me invitó.
Al retornar
tarde a casa,
mi madre
me esperaba molesta.
No quiso escuchar
mis palabras,
no me dirigió
ni la mirada;
mas cuando mi padre
retornó del trabajo,
mi madre,
con falsos motivos,
me acusó de tardanza,
y con ira injusta
retó a una amenaza
desproporcionada.
No tardó en exigirle
a mi padre
que, a golpes,
me agarrara.
Mi madre deleitaba
el sadismo de la violencia:
su mirada macabra,
el salvajismo que retorcía
mi neuroalquimia
en un ser rebelde.
Sin temor a escuchar
mis palabras, mis razones,
él me agredió físicamente;
no escuchaba mis gritos,
era un violento demonio.
Primero, con el palo
de la escoba,
lastimó mi cabeza,
mis rodillas;
no contento, al romper
el madero en mi espalda,
Ahora va por el cable
de la plancha —
¡vaya salvajismo! —
lo odié a cual monstruo.
Pero hoy entiendo
que él arrastra aquel odio
de su padre, quien
fue un hombre violento;
y repitió conmigo
aquel bucle infernal.
Repitió el supermasivo
que absorbía mi ser.
Yo sé que nada
justifica la violencia;
Nada justifica
cada trauma.
lLos patrones
del pristal cuántico
conservan el quiebre
de aquel espejo rastillado.
El quantum conserva
las memorias del delirio,
de la angustia existencial,
las sombras infernales.
Aquellas sombras
que recuerdan las noches,
tocando mi piel inflamada
con moretones y heridas.
Mis ojos rojos
en sollozos,
sin consuelos;
mis rabias,
mis iras,
mi almateria
con llagas
en la piel.
Aquellas noches
en mi habitación fría,
en el suelo sin consuelo,
deseaba a gritos
una familia feliz.
Con la herida en el espejo
latiendo remordimientos,
esas cicatrices me alejaron
de él y de mi madre.
Me alejé de mi familia
para forjar mi vida,
lejos de ese portal
de los golpes infernales.
El día que él
estuvo a punto de fallecer,
me dijo tantas cosas;
me dijo: Hija,
perdón por todo,
por haber sido
un hombre violento.
Por no haberte brindado
amor y ternura de padre,
y por haberme
dejado arrastrar
por las falanges
del huracán,
por los agobios
del trabajo.
Descargando en ti,
en mis hijos,
en mi esposa,
el infierno cuántico.
“Entendí que nunca,
nunca edifiqué una familia;
solo me dediqué a demolerla.
¡Perdóname, hija!
Perdóname… yo te amo,
te amo profundamente.”
Yo lloré de rabia
y de tristeza;
me dio el abrazo
que yo necesitaba.
A pocos minutos,
de su partida
de cerrar los ojos
pidió su último deseo:
Que rompa este bucle,
en otro espacio nuevo,
donde la razón enseñe
el camino a la conciencia.
Es necesario lindar la raíz
del problema primordial,
que va más allá del ciclo,
más allá de las heridas
que persisten flagelando
almaterias en el bucle.
Las armas
de la pobreza,
desempleo, estrés,
alcoholismo…
fueron diseñados
para dañar,
para mantener
el bucle cerrado
al límite ardiente
de la lava infernal.
Es un ciclo interminable
de un control espectral,
donde las personas,
donde las familias,
no logran atravesar
esta barrera:
el límite de la violencia
a otro nivel humano.
Ahora ya veo:
todos llevamos heridas;
pero hoy reconocemos
que el río de sangre
no nace de la herida,
sino del filo de las navajas
que cortan la piel social.
De aquellas sombras
que desgarran los corazones
del quantum social,
de la red multiversal
de los núcleos
de nuestra sociedad…
con armas, con maquinación
de un supermasivo aciago.
Es un deber natural
cambiar esta violencia
por comprensión,
por el calor humano,
por el abrazo de Dios,
por el entrelazo cuántico.
Por la ayuda mutua
entre todos;
vivir en la fuente
del elíxir existencial
del Ayni Cósmico.
Desprende de ti
la capa infernal,
desprende de ti
las sombras:
cada herida,
cada sable,
cada dolor,
cada traición,
cada mal…
¡Libérate de este bucle
para siempre!
Que tu esencia se purifique;
acrisola el manantial
de tu alma
en un nuevo río,
un nuevo renacer.
La humanidad vivirá
nuevos versos evolutivos,
que nos devuelvan el sentido
y la razón existencial,
sin violencia, sin infierno.
Un mundo consciente,
de paz, donde la armonía
se sienta en cada latido
de los corazones.
En el entrelazo cuántico,
en los brazos de Dios,
en el amor entre todos,
en los pulsos alegres,
en completa sincronía
con la sinfonía cuántica.
Porque aniquilar un núcleo
es acabar con la creación;
porque dañar un corazón
es echar más leña
al infierno del Hades.
Es infernar el cielo,
aquel lugar sagrado
donde una vez hubo
un hogar, una familia,
una esposa, una hija…
Pero existe una luz,
una energía primordial
del universo latente,
que ilumina el quantum,
que enciende la esencia
de nuestra conciencia.
Aquella chispa cósmica
que late en el quark,
en cada pristal escalar,
que late en cada corazón,
de cada cuerpo cósmico.
Quien disipa este infierno
es Dios, por los siglos-luz,
con su divina fuerza,
la matriz esencial
de nuestra constante
existencial.
—Christian Aycho Carbajal



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