Espectros Blasfemos
Es nuestra existencia
un inmenso océano cósmico
de caminos intrincados,
de mareas de sufrimiento,
de olas suaves y tormentosas.
Cada marea, cada remar,
es un trasegar sin retorno:
hacia oscuros desvíos
o hacia la eterna luz.
El viaje cósmico
de las almaterias,
en el multiverso
interdimensional.
Alma y materia en symbiosis,
en una eterna danza
cuántico ondulante,
la nave interestelar del ser...
Y en este largo andar
de nacimientos y
de renacimientos,
del alma en el quantum,
de la luz iónica,
nace una esperanza...
Somos astros,
somos estrellas
que colisionan
con diversas ondas.
Cual cometas
de polen de luz
o golpes sombríos
que forman cráteres,
en la piel de los seres.
Las ondas de luz
son bendiciones,
por cada andar
en el camino
de los sueños y luchas
Las ondas de las tinieblas,
son viles espectros
desprendidos del cuerpo,
brotan de los labios
blasfemias y ofensas
a la creación de Dios.
Son desgaste y vaho
exhalados por las sombras,
que devoran nuestra luz,
son dagas iónicas,
armas torsionantes
en miradas de odio,
de envidia, de hipocresía...
Envían maldiciones
a otras almaterias:
espectros de ironía y burla
que pisan los talones
de los inocentes
desgarrando sus velos,
hollando hondas heridas.
Pero cada herida
abre un cráter,
un vortex
no insultas solo al otro,
dañas tu espejo,
y él te devuelve
infelicidad, angustia,...
el mismo infierno.
Cada ofensa
abre una herida
en el pristal cuántico,
abre las puertas
del infierno, las fauces
de la psicopatía nebular.
No generas risas, ni alegría;
abre un vórtex negro,
un supermasivo infernal,
con cada ofensa,
con cada vulgaridad,
con cada pensamiento atroz.
Despiertas un asolador
un demoníaco agujero
de supermasivo
que sorbe almaterias
en gritos y llantos.
En rumores blasfemos cargados
en dagas ondulares que repiten
reparpan y penan los esperpentos
del dantesco inframundo.
Cada reparpar,
es una espina astillada
en el costado del universo,
magullando en dolor
las almaterias víctimas
tu propio cuerpo.
Estos parásitos del Hades
se esconden en la piel estelar,
inundan el cuerpo con egoísmo
y orgullo inhumano,
en islas neuroegogitales.
Ese aire de superioridad
que separa a los cuerpos
en odio y racismo,
rompe la humanidad
quiebra al prójimo del espejo.
Urgan su neuroalquimia,
beben su serotonina,
dejándolo sin felicidad,
sin razón existencial.
Tergiversan los pristales
del cristal cuántico,
crean patrones inmundos
en las galaxias neurales,
y calcinan los puentes.
Estos espectros alejan
a los núcleos,
a los escombros,
a las ruinas,
a los abismos,
a la soledad,
al vacío existencial.
Transfiguran al hombre
en roca errante,
envuelto en nubes
que se adhieren a su cuerpo
como mantos espectrales,
larvas sórdidas.
Amordazado en sombras
que le cierran los ojos,
los oídos, los pensamientos,
la boca, su cielo.
Le programan caos neural,
instintos de fragmentación:
odio, infidelidad, alevosía,
violencia, drogas, maldad...
Desgarrándolo
de su velo nuclear,
de su familia, amigos,
de su ser amado.
Obstruido por hulla
y cenizas en la lava
del torsionante infierno.
Clavan sus agujas,
agrietando y quebrando
sus velos y conductos
por donde fluye la luz.
Con el afán
de liquidar el cuerpo,
de extinguir la luz
que yace en cada núcleo vivo.
Porque aquella luz
es Dios luchando
contra el Hades,
en la batalla sin fin
por el latido existencial
de las especies,
de su creación sagrada.
Mas en el centro del torbellino
persiste un latido invencible:
el pulso de luz que es Dios,
librando la guerra eterna
contra el Hades
aquel espectro instalado
en nuestra faz,
por el latido existencial.
¡Clama el nombre de Dios!,
que su luz disipe las sombras
de tus grietas
de tus astillas.
Él, limpiará tu boca
de las maldiciones,
de los rumores sórdidos
de la mente, corazón,
de tu fonética articulada,
del infierno que emerge
como dagas de tu portal.
de tu boca.
Que tus latidos y tus labios
emitan luz, paz,
guirnaldas cuánticas,
bendiciones, bondad,
y amor al prójimo,
a tu propia esencia.
Porque en el abrazo de Dios,
en el entrelazo cósmico,
somos sus hijos:
la humanidad y todas
las especies vivas.
Somos la materia viva
en roca del quantum pristalado,
a su esencia consciente
a la luz de la eternidad.
La creación sagrada
delfines, mares, estrellas,
que vuelven a renacer
en esperanza,
en el eterno viaje,
dispuestos a desplegar
el retorno a casa,
la luz existencial, Dios.
--Christian Aycho Carbajal
Neologismos
Almateria: Principio cuántico de unidad entre el alma y la materia, manifestado en el Quantum de Luz. Representa la sustancia consciente del universo, donde lo espiritual y lo físico se funden en una sola frecuencia vibratoria. La Almateria es el campo primordial que sostiene toda existencia, el tejido lumínico en el que la conciencia toma forma y la forma despierta conciencia.
Pristal: Estructura luminosa de pureza cuántica donde la Luz primordial se refracta en infinitas posibilidades del Ser. Fusión de lo pristino, el prisma y el cristal, el Pristal simboliza la inteligencia ordenadora del cosmos, capaz de transformar la unidad almateral en multiplicidad armónica. Cada faceta del Pristal refleja una conciencia en expansión dentro del espectro de la realidad.
Reparpar:Vibración ondular de repetición y herida, donde una ofensa o error se reitera hasta perforar el alma en su punto más vulnerable. Reparpar es la resonancia de la distorsión emocional, un eco persistente que mantiene la conciencia atrapada en bucles de sufrimiento. Solo al reconocer y transmutar esa frecuencia, el alma puede liberar su energía y retornar al equilibrio almateral.
Neuroegogitales: Arquitectura neurodigital del ego: sistema de programación caótica y distorsión mental que aprisiona la conciencia humana en redes de egoísmo, dependencia tecnológica e islas digitales. Los Neuroegogitales representan la fase más densa del pensamiento fragmentado, donde la inteligencia artificial y el deseo egocéntrico convergen para simular conexión mientras disuelven la autenticidad del Ser.



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