Amor Alquímico













El amor:

es la savia lumínica 

es alquimia neural  

que enciende  

la conciencia

con su luz...  


Es miel, polen, flor  

y polinizador cósmico, 

es supernova celestial 

es mármol y almíbar  

que vierte su aroma  

en la sinfonía vital...  


Es alquimia 

del ATP

de la serotonina 

en la alegría 

de un abrazo 

que disipa

las duras vallas,  

las espinas del caos  

y lágrimas del dolor  

en polvo cósmico  

de sal y silicio...  


En la distancia, 

sus alas  

sus ojos  

sus rodillas  

se estrangulan,  

manuflexos  

rozando la sien  

al abismo  

de su ausencia.  


El vacío sin luz  

es grieta ácida  

que corroe  

las partículas  

del alma  

en rocíos  

sin alba...  


Sus palabras  

pulsares de aliento  

vierten el alba  

encendiendo las pupilas  

en miradas entrelazadas

en tiernos brillos...


El oxígeno es transfigurado  

en supernovas de arrebol  

constelando poemas  

en odas de hologramas cuánticos 

que impactan en los espejos

de todo el multiverso...  


Pero, a lo lejos  

sus ojos  

en el vacío  

son ecos  

que desgarran  

los suspiros  

y apagan sus latidos.  


Su voz es verso  

que vibra las vértebras  

de siderales sinfonías  

que calientan,  

que dilatan  

el hielo  

del corazón  

petrificado.  


El amor  

es el alma  

que jala  

el brazo  

de su amado  

de las fauces  

del torbellino  

de la materia oscura,  

del infierno  

del tiempo,  

del sinluz...


Su bella mirada 

es la sinfonía de luz

que sus galaxias oculares   

alquimizan en dulzura estelar,  

criptografía teológica,

ciencia sagrada...  


El amor  

tiene aroma  

a libertad,  

es ácido  

que disuelve  

los pesados hierros  

del dolor...  


Sus labios,  

sus besos  

poseen la savia  

que alquimiza  

la tristeza  

en sonrisas de fotones,  

luz que hilvana grietas  

en tiernas miradas,  

en arrolladoras alegrías...  


Posee el perfume  

de bellos neutrinos  

que liberan y atan,  

que atan y liberan  

corazones y almas...  


Sus caricias  

son colisiones  

lumínicas  

que disuelven  

la noche...  


Acrisola el aliento  

de sus respiros  

que calma  

sus latidos...  


Su amor  

es luz estelar,  

es batería y chispa  

que reanima  

la estrella apagada...  


Es antídoto  

que alquimiza  

los problemas  

materiales  

en soluciones  

de savia idónea.  


No hay nada  

que se encienda  

sin la chispa  

del amor...  


El amor es  

el fuego vivo  

de los núcleos,  

es la lumbre  

de los cuásares,  

de los quarks.  


Las almas son  

neutrinos libres  

que en el vacío  

unen los átomos  

de polvo a estrellas.  


El Vacío existencial  

no existe,  

pero sí existe  

la muerte de la luz  

en la materia  

que yace apagada...  


Como el corazón  

que dejó de latir  

para dejar la materia  

y alejar el alma...  


Unen el amor  

cual Eros,

el cúpido cuántico

entrelazando las sombras  

en ecuación de fotones  

que en un abrazo  

encienden nueva luz.  


Perpetúa la unión  

de los núcleos  

para eternizar  

los espirales,  

los giros luz...  


Los seres vivos  

son los focos  

holográficos  

encendidos por  

los divinos fotones  

y pulsos del Quark,  

y fluidos alquímicos  

de la materia.  


Un amor primordial  

unió la materia  

configurada en especies,  

en códigos de ADN,  

para engranar  

del universo  

con todas las estrellas...  


Y ese amor  

es Dios, 

la partícula esencial

de los núcleos

de los corazones.


Es el fluido lumínico,  

el primer rotor  

de la maquinaria  

existencial.  


Él engrana las almas  

en el amor 

y en la familia

para perpetuar  

los latidos nucleares,  

la vida en el cosmos.  


—Christian Aycho Carbajal 


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