Vacíos de esperanza
Hay latidos que lloran
silencios desgarradores,
tocando el rostro
de la esperanza
con uñas heridas
que rasgaron el cielo.
Donde nadie
escucha tu voz,
sentiste que,
a nadie le importas,
me duele el calor
que hierve tu angustia,
en lágrimas ácidas,
que funden la nostalgia
en tristezas
que parten el alma.
¡Ay de mí!
no veo mi sombra,
sólo el viento,
que se lleva
cada lágrima
a los oscuros abismos,
sin retorno.
Y mi dolor que sangra
océanos de noche
en mis desérticos ojos.
Acuesto mi mirada
a la almohada fría
de los umbrales
del holocausto cósmico
donde tiemblan mis brazos
hundidos en la escarcha.
Me desarmé
en las cenizas,
enterrando mi cuerpo
hasta disolver
mis huesos
en un libro
sin páginas
sin nombre,
sin libro...
Ahora que,
no ves mi cuerpo
en el poema,
te escribe mi alma...
¿Dónde estás?
¡quiero abrazarte!
sé que..., sé que...
los glaciares
enfriaron las almas
de los hombres.
Siente este abrazo
de oso galáctico
en tus hombros,
y en tu mente
una luz encenderá
un hilo de sonrisa.
No puedo decirte mucho,
pero las respuestas
están en tu núcleo...
Tú eres el comandante
de esta nave espacial,
el primer tripulante
que traza los mapas
la brújula cuántica,
el valiente héroe
de este viaje cósmico
en tu firmamento
existencial.
Eres el canto latente
que suspira sueños
y besa rosas,
no te vayas
sin caminar
en la dirección
a los frutos
de tus sueños.
Que la nectarina
del poema,
sabe mejor masticada
que apagada en líneas
del frío papel,
Las dulces memorias
se saborean
con todos los sentidos.
Esas que, el alma
mastica con los dientes
que palpitan
la eterna felicidad.
--Christian Aycho Carbajal



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