El ADN Cósmico












Somos energía alquímica 

proyectada del polvo cósmico,  

rebotando fluidos lumínicos 

en el espectro de la materia...


Los ríos de fotones  

y ondas que ondulan  

la oscuridad cósmica  

en pulsos de nuestros  

cuerpos estelares.  


Estrellas retenidas  

por la gravedad de la tierra 

que aprendieron a convivir  

con infinitos pulsares:  

materia madre, fauna, flora...  


Somos el barro cósmico,  

la holografía cuántica,  

la creación de Dios,  

la materia encendida.  


Configurada en algoritmo

sagrado de ATP que enciende  

cada hilo de las hebras  

y hélices del ADN,

por una inteligencia superior...


Somos barro cuántico  

Dios encriptó nuestros

algoritmos en código ADN  

que cifra quasares y quarks  

en la savia del río cuántico  

con especies diferentes...  


Cada especie viva

es el lienzo divino,  

la danza de los fotones  

en la piel, en el pelaje,  

en la fiesta cromática...


Proyectada en la diversidad,  

en los rostros más bellos,  

en la armonía del género  

que fecunda la vida...  


Los latidos 

son las manecillas  

del reloj del tiempo  

que liban la luz  

de la materia alimento.  


Es el quasar  

quemando la energía  

para seguir pulsando  

su existencia...  


El ser humano se alimenta  

de la materia cósmica 

la ingiere a través de  

su portal para desintegrarla  

en partículas subatómicas.  


Transfigura el polvo  

en fluidos lumínicos  

para proyectarlos a la luz  

del holograma corpóreo...  


Existen huertos con los frutos  

en nivel de cosecha  

donde millones de animales  

de diversas especies  

(desde aves, insectos,  

mamíferos y humanos)  

recurren a la mesa verde...  


Aprovechan comer los frutos,  

la savia, los tallos y hojas;  

que nutren sus latidos con  

la savia del río cuántico.  

Una vez terminado el botín  

energético, pasan a retirarse...  


Hay quienes siembran  

el alimento para otros,  

pero hay quienes  

aprendieron a sembrar  

sus cultivos y cosechas...  


Y hay quienes solo comen  

y se aprovechan  

de las cosechas  

de otros y no saben  

cómo se cultivan...  


El ser humano  

es el jardinero cósmico  

porque la savia  

es memoria de quasares,  

el néctar cuántico  

que enciende el cielo

del verde firmamento...  


Somos los arquitectos  

del Edén Cósmico,  

reconocemos el árbol  

del sueño existencial...  


La verdadera tarea  

es producir más baterías,  

del néctar cuántico;  

forestando, reforestando...


Es nuestro deber existencial

sembrar el verde firmamento  

en los pliegues de la Pachamama 

transformar los relativos desiertos

en Verde Galaxia del Edén escrito...  


Instalar sistemas de riego  

ancestrales para perpetuar  

el agua en el tiempo-luz,  

decodificando los conocimientos  

arqueológicos, antropológicos...  


Dejarán de maquinar  

guerras por los recursos.  

Cesará el holocausto,  

los hornos que queman bosques.  


Cesarán los graznidos 

que resuenan en el agujero negro

de los cuervos del Hades 

que pulverizan brazos, piernas, 

desmenuzando las esperanzas 

desgarrando las entrañas  

de las almas humanas...  


Cerrarán los socavones  

del oro devastador   

que devora manantiales 

y almas con cuerpos enteros...  


Cesarán los pozos que beben  

el llanto de mercurio de los niños,  

el pesado latido del plomo  

en las arterias y

en las agallas de los peces,  

que envenenan 

todos los núcleos de luz...


Cada día ciento treinta y siete 

especies cierran los ojos

la contaminación es el infierno

detrás del pantallas del circo...

  

Acabará la devastación  

del pulmón cuántico  

que inhala el ahogo

en asbesto, carbono...  


Cesará el holocausto,  

las lágrimas de sal y hierro  

que vierten genocidios  

del odio sin rostro,  

sin religión... golpe bajo  

encapsulado en cien  

segundos de misiles...  


Su lucha será por lograr  

la armonía existencial  

para perpetuar la vida  

de todas las especies:  

flora, fauna, humanidad...  


En las semillas

están los secretos  

de las supernovas. 

La vida es la luz cifrada  

en el ADN...  


Perpetuar la vida  

no es una meta,  

es la ley gravitacional  

de las estrellas  

que Dios codificó...  


—Christian Aycho Carbajal  





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