Canto Etereal













Siente en tus venas 

los pulsos del tiempo  

que vibran las cuerdas 

del arpa, la sinfonía divina.


Somos espejo-materia

reflejando años luz 

en sinfonía perfecta  

vibrando en las pieles.


Tu corazón  

es el núcleo estelar,

de la estrella  

que eres, en este  

infinito cosmos.  


Las palabras,  

las melodiosas notas  

son tamboondas  

que retumban los ecos  

en los reflejos  

y en los plasmas

de todos 

nuestros núcleos.  


Para impulsar  

tus latidos  

que fluyen

tu éter existencial.  


En tu cuerpo  

no eres solo 

huesos y carne,  

eres la configuración 

interdependiente 

de tus átomos,  

moléculas, células,  

que también 

son estrellas  

que encienden en ti.  


Fluyen en sus corazones  

la savia lumínica  

cargada de luz, ondas, 

calor y materia...  


Vibran sus membranas  

alegran sus núcleos  

como cuásares ardientes 

vibrando sus moléculas.  


Sorben la energía del sol  

en sus pequeños cuerpos,  

no estás solo en el mundo,  

nunca jamás has estado solo.  


Viven en ti

cuarenta billones de seres  

y tú, si ¡tú!...

tú eres su razón de vivir.  


Tus células laten 

la savia del tiempo  

en sus cuerpecitos 

pensando en ti.  


Transfiguran 

las baterías estelares  

para obtener el ATP

que te llena de vitalidad  

y activa tu cuerpo.  


Tus neuronas

tus testigos fieles  

están en tus momentos 

más intensos,

guardan tus heridas  

y las cicatrices 

que deja el tiempo.


Aquellos que tú 

decidiste grabarlos,

y eres tú 

quien decide borrarlos.


Aquellos recuerdos que 

cortan tu respiración 

y dañan los latidos,

las palabras, los golpes 

que lastiman...


Tú decides quedarte 

con los bonitos recuerdos

las rosas bellas de aroma, 

oxígeno, ternura...

que no interfiere

en tu normal existencia.


A través de tus dos órbitas  

los más hermosos espejos  

captas los fotones estelares  

que iluminan la materia  

que las reflejas en tus neuronas.  


La percibes con tu piel

con tus sentidos,  

cargados de tacto 

cuántico-cósmico.


Para percibir: gusto,   

tacto, calor, color, olor,

empatía, intuición, pulsos,

Luz que piensa en tus poros.


Para disfrutar los placeres  

que emanan las baterías  

que nos mantienen  

a todas las estrellas vivas.  


Para asegurar que el alimento 

que masticas en tu portal

es el néctar más delicioso  

cual la agridulce naranja  

que activa tus pupilas  

y acelera tus latidos.  


O como el dulsal sabor  

de los besos de tu amada 

que te llenan los labios 

y el alma de mariposas 

y rosas encendidas 

en un Edén.  


Aquellos ojos  

que observan  

la constelación etereal  

vibrando sus luces  

como luciérnagas,

de infinitas galaxias 

y estrellas.


Pero, estos seres  

saben que lloras  

dentro de ti,  

saben que ocultas  

tus tristezas  

en cada suspiro

que retuercen tus latidos  

y tu respiro pulmonar.  


Saben que te recargas  

de electrones de rabia y dolor  

que devastan sus cuerpecitos 

que queman sus núcleos  

hasta arrancarles 

su existencia.  


Saben que la causa  

de sus dolores  

es alguien que  

aún no sabe  

que tu vida 

son sus vidas...  


Saben que tienes  

el alma de un niño  

escondiéndose 

en los rincones

de tus adentros.  


Un niño que llora  

mientras tu rostro 

finge sonreír,  

finge demostrarle  

a las personas  

a otros mundos,  

que eres fuerte.  


Pretendes mostrar  

que tu mundo  

no está quebrado,  

cuando algo te devora  

lenta y súbitamente

el feroz supermasivo.


Pero no le puedes mentir  

a billones de células  

que laten en tus sombras, 

mientras cierras los ojos  

en las noches.  


Ellos luchan por reanimarte

se aparecen en tus sueños 

para enviarte las señales,

para mantenerte 

siempre de pie y

nunca arrodillado.


Luchando batallas cósmicas 

contra el agujero negro

mal que agrieta y destruye 

tu universo en silicio y sal.


Aquel, que,

en tus pensamientos  

crean huracanes 

que distorsionan

y tu forma de ver 

la realidad relativa 

que es transformable...


Las sombras destruyen 

de tu cuerpo, apagando 

células y órganos...

¡no los abandones!


Hay billones más  

que respiran, laten  

sienten y lloran contigo:  

tus horas más tristes, 

tus horas alegres,  

agotadas, enérgicas,  

de amor, desamor...  


Ellos son los primeros  

en sentir el dolor devastador  

sienten el frío insoportable  

sienten el calor   

sienten el abrazo  

sienten las lágrimas  

sienten irse al vacío  

al verte derrumbándote.


Y se caen contigo  

al abismo donde  

sus almas sufren... 


Eres cada latido desesperado  

eres su mundo rompiéndose  

eres tú, sus corazoncitos,

eres la imagen maestra  

y fiel de sus reflejos...  


Ellos protegen 

crean y custodian tu ADN  

el reflejo de tu linaje  

que perpetúan la vida  

en el universo...


Tu reproducción no es vana, 

es muy importante 

para  mantener tu linaje

para asegurar la existencia  

del universo.  


Quizá desde allí  

desde lo más profundo  

las almas de tus células  

ruegan por ti a Dios...


Para que no les falte  

la materia que los mantiene  

llenos de vida, pan y luz

y que aún no lo has notado...  


Aquellas células  

que detectan los fotones  

que dibujan la realidad  

que trazan las formas  

que la órbita globular  

reflejan  la constelación.  


Observa el paisaje  

ellos están viajando 

un sueño en el mundo

externo, cuál si fueran 

astronautas de una 

nave espacial, 

tu cuerpo.


Los quarks de tus células 

observan y contemplan

la constelación: 

llenos de árboles, 

animales, ríos, mares 

estrellas, quasares...


Ellos también sienten  

ellos viven en ti  

ellos ¡te aman!  

ellos son islas de luces 

que encienden tus sombras.


Ellos luchan por ti  

por verte vivo  

en el universo.  


Y están felices de saber  

que eres tú, su universo,

saben que vives junto  

a otros universos

fríos, calor extremo...


Quizás aún 

no te hayas dado cuenta,  

pero ellos saben que vives  

en universo externo  

y en otros universos.  


Solo que, recién despiertas 

tu conciencia, tus sentidos

para dar el giro cuántico 

en el quasar,

en tu corazón, 

en tu alma...


—Christian Aycho Carbajal  


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