Las Grietas en el Espejo

 










La belleza: río que fluye  

desde el corazón,  

la esencia que arde  

como una llama

que ilumina el alma,

no es un reflejo efímero  

de la materia en el tiempo.  


La belleza del rostro 

se quiebra en el tiempo, 

las grietas de la piel 

borran los egos.  


Pero la belleza del alma  

preserva la belleza  

de la materia  

en completa  

sinfonía simpática.  


La belleza es el instante  

perfecto donde el alma  

dibuja su firma más  

sublime en la piel.  


La belleza  

no es pantalla vacía,  

es la esencia  

del núcleo interno,  

del corazón

de tu luz  

que ilumina 

tu imagen corpórea.


La falta de esencia  

se traduce en la metáfora  

del vendedor falso  

que pinta el plomo  

con capas de oro

o del charlatán 

que ofrece 

huevos podridos 

como tesoros...


Puede la flor  

más bella del mundo  

verse hermosa en espejos,  

pero si su xilema destila 

y sorbe podredumbre,  


En el momento menos  

esperado morirá marchita,  

perdiendo su fragancia,  

su brillo, su belleza,  

como hoja que cae  

al vacío sin viento.  


Las ironías de la vida,  

las burlas del color,  

de los defectos  

de las personas,  

de las imperfecciones  

de sus cuerpos,  

de sus vicios,  

de sus ropas,  

de sus palabras,  

de sus formas de hablar...


Las personas  

víctimas de tus intolerancias  

grabaron tus odios  

en sus memorias,  

repitiendo en sus mentes  

la daga que hunde el alma humana  

en un mar de inferioridad infernal.  


Te burlas de su raza,  

te burlas de su credo,  

¿pero si hubieras nacido  

en sus tierras?...


Te alimentas de odios deformes 

que hacen que tu alma  

adquiera una forma  

imperfecta, vacía  

y sin esencia.  


Te burlas del hombre sin voz,  

de sus gestos de dolor,  

del mendigo,  

de sus monedas en lágrimas,  

de su impotencia  

por soportar la miseria y  

la indiferencia de los ojos  

y del murmullo 

que despedaza a la humanidad.


Si el poema  

no toca tu corazón,  

lee las heridas  

que dejaste  

en la víctima.  


Creaste un agujero de gusano

en los pies de tu víctima 

que devoran

su alma, su cuerpo...


Tus odios matan...

tal y como pasa

en la historia, 

Odios sórdidos 

desencadenan el infierno

con guerras inhumanas 

sin nombre...


Cuando dejes el portal  

y te rías a carcajadas

en el espejo cuántico   

de este mundo,  

en tu otro cuerpo dimensional

del tiempo perfecto,  


Serás tú la víctima  

en la nueva materia,  

en la piel, en el rostro,  

en el ahogo 

de tu propia ironía.  


Las deudas  

por cada daño al alma  

¡las pagarás!...

en tus otras vidas,  

así te vayas sin pagarla  

en tu vida actual.  


Trata bien a los demás,  

no es una ley escrita,  

es la grieta que convertiste  

en heridas abiertas que sangran  

ríos de desconsuelo y rabia,  


Aquella lava primordial 

que arrastrará a tu alma  

al mar de tus futuros lamentos.  


—Christian Aycho Carbajal  


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