Réquiem del Amor
El divino óleo del cielo
descendió a mi suelo
su bendición más sublime:
Tus alas, tu piel,
tu nombre, tu alma
tu rostro, tu néctar...
Trazando las líneas
de mis sonrisas,
en los balcones,
en las ventanas,
en el sótano...
de mi manantial cuántico.
Luz ardiente
que encendió
mi cuerpo estelar
iluminando rayos
de almíbar y sal
en la luminaria festiva
de mi almateria...
Pincelando los lienzos
de mis blancos silencios,
de mis desiertos yermos
sin fotones de esperanzas...
Ha esculpido
en mi mármol neural
la escultura divina
de la sirena estelar,
la más hermosa
del Edén Cósmico...
Con el elíxir de lumbre
de sus labios de miel
ha derramado y destilado
en el portal de mi cuerpo
alientos y sueños mágicos...
Ha vertido los colores
y su legendaria ambrosía
del sol en las estrellas
de mi universo cuántico.
Ondulando los neutrinos
y quarks en valses tiernos,
plasmando en mis ojos
luciérnagas de arrebol
y alegrías de cristal...
Bailando entrelazados
el vals etereal
en la pista sideral
la sinfonía existencial
de mi vasta galaxia eternal...
Mas un día
la suave melodía
se quebró en la onda filosa
de un zumbido líquido
deslizando mis lágrimas
que liban el ocaso
y las frías tempestades
de la noche
del supermasivo...
Vertiendo en mis ríos,
océanos de sombríos reflejos
y filmes en naufragio...
Que danzan la sinfonía
de los quásares
de imágenes disueltas
de las sonrisas gélidas
en lamentos ácidos...
Es el eco de tu adiós
desgarra las raíces
de mis latidos
apagando el corazón
de los soles de mi universo...
Diseminando
con sus manos de niebla
nebulosas del olvido
en mi horizonte:
en mis cielos
en cada árbol,
en cada río,
en cada roca,
en cada ave,
en cada senda...
de mi mente.
Un espejo astillado
brama océanos
de carmín y rubíes
incrustando dolor
en cada latido...
Cortando las frágiles
membranas y los velos
de mi piel celular
en crueles desangros
desalmando sus cuerpos...
Lloran mis células
en el interludio sinfónico
del réquiem, palpitando
el vaho del Hades
tosiendo y salivando
ponzoñas letales
del sufrimiento
en la noche cuántica...
El corazón
no entiende
y no enciende ya,
solo brota humo
en sus gélidos alientos
con exhalos de hipotermia...
Que el invierno infernal
incendió, diseminando
cenizas de asbesto y arsénico
asfixiando el poema
en holocausto existencial
en los paisajes
de mi paraíso...
--Christian Aycho Carbajal



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