El árbol sagrado de la vida
En el vals
de la dimensión digital
bailan los títeres
de la deslealtad,
de la traición,
de...
Han resumido al amor
en pan y circo erótico
de las masas.
Una pausa comercial
y ellos:
se ven las caras vacías...
sus ojos en los atributos,
sus ojos en los bolsillos.
Le pusieron un sticker
con fecha de vencimiento
a la palabra amor
en las redes sociales.
Lo han encriptado
en el saldo
de una tarjeta de crédito.
Mientras se rompen
más corazones,
las sombras transan y brindan
encima de los sufrimientos.
La humanidad pierde oxígeno
mientras nos dosifican más
cápsulas de antivalores
bajo el oscuro espectro
de ondas y fotones
de las pantallas,
de los parlantes
de intenciones
sórdidas.
La humanidad se hunde
en una crisis sembrada,...
Pero aún existen
hombres que saben
el concepto de amor.
Aunque muchos se fundan
en el vals del mar,
erótico y caótico,
sin rostro, ni nombre.
El amor,
es la raíz
es el xilema
de la savia viva
del árbol de la vida.
El amor posee
las semillas,
del árbol familiar,
la viva red evolutiva
de millones de años luz.
Los corazones humanos
no son el problema,
sino el hacha que corta
sus ramas,
sus hojas,..
La podredumbre
que apaga su raíz...
Las manos del mercader
que truecan amor por oro,
calcinando los árboles
para extraer el oro
removiendo la roca madre,
la batería estelar del cosmos.
Los trocan por desiertos
erosionando la esencia,
los valores humanos
en crisis y guerras...
El amor teje los nidos
de la humanidad,
mientras el dinero
tala los árboles e
incendia sus raíces.
La humanidad liba
el viento de arena
del desierto
pulverizado,
aquel lugar
donde florecían
los bosques del amor.
Las monedas cortan
el hilo de la savia sagrada
y lo llevan al oscuro
agujero de gusano
devorando:
a la familia
a los hijos y
a las generaciones...
Pero bajo el desierto
y el humo del holocausto,
hay semillas que no se rinden...
hay semillas secas que mantienen
su núcleo de quasar encendido,...
El amor ahora
lucha por construir
las esperanzas en
diques de agua,
alzando sus órbitas
a los astros.
Hacia un Edén Cósmico
que no es jardín
sino semilla cimentada
en la roca madre.
La semilla de Dios,
los brotes divinos
que reverdecen
el Edén Cósmico.
—Christian Aycho Carbajal
Un poema para la humanidad.



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