Cenizas Estelares













Duelen los cielos

duelen los pulsos

duele el diafragma

duele en la garganta

que ahorca y 

ahoga.


Duele el sable

del Hades

que atravesó

mi espalda...


Filosa hoja

que atravesó

el corazón y mi mano

con un cruel adiós

cortando el amor

y desangrando el alma.


Dolores cual

Puntiagudo vidrio

que penetra el nervio

de las falanges y

de la aorta

sangran los latidos

que escupen sangre...


El insoportable dolor

viendo el río rojo

de cada latido,


quebrando mis

brazos, rodillas,

codos, miradas

en el abismo eterno

de un lento y dantesco

sufrimiento...


Mis ahogos de luz

pulsan sombras

templa mis aurículas

tensa mis comisuras

cortan mi respiro...


Duele tan hondo

el cerrar de los ojos

mirando los suelos

donde ríe la gravedad...


Duele en cada pupila

el cierre de la tapa del libro

de la puerta, del nicho...


La pesadilla que muele

el frágil cristal,

la última esperanza

de querer abrazarla...


Desde el portal

desde el cuerpo

del desengaño,

para sentir

su falso amor.


Su ego despedaza

y estalla

cada estrella

de mi multiverso...


Lava infernal 

calcina la savia lumínica

de mis ríos cuánticos

apagando una a una

mis luciérnagas estelares.


Cincelan los flujos

de cada latido desesperado

que golpean mis sienes...


Astilla mis neuronas,

las dendritas,

la mielina neural

quemando cada núcleo...


Cada fotodrama,

cada verso, cada letra,

cada latido, cada tecla

se disuelven en cenizas.


El humo nigérrimo

desata al fantasma

del piano que desgarra

de las cuerdas cósmicas

las notas más tristes

jamás oídas...


Cada partícula del humo

es escarcha negra

que colisiona

en la herida abierta

del alma ondulante.


Es hierro y cenizas

que giran en el pavor

de las paredes lúgubres

del agujero negro...


Las lágrimas

del colosal océano

en mi cuerpo

se secaron

en arena baldía.


La tormenta de arena

se lleva mi historia

al oscuro colapso

del supermasivo...


Cada fragmento

que dejó la sirena estelar

en mi quebrado cuerpo,

es la nota melancólica.


La sinfonía afligida

de pianos y violines estelares

que desangran almas...


Lento y sin aliento

cada lamento

es cristal de sal

que emerge

del manantial orbital.


La luna angustiada

llora océanos

que ondulan sus cráteres,

al ver morir mi quásar...


Nadie percibe

mis señales ahogadas

mis latidos apagados

mis manos atadas

en olor a huesos...


Cada partícula

del corazón humano

palpitando gritos rotos,

reflejando en sus espejos

el alma holográfica

del último fotón...


En el viaje

de los recuerdos soñados

la silueta de mi espíritu

acaricia su piel rosa,


Besa el perfume

de sus labios

que la brisa

eleva a los cielos

a los rayos del sol.


En su mirada

dos astros ausentes

brillan luciernitentes,

sus ojos ya no reflejan

mi semblante...


Donde cada cristal

es el cubo interlucido,

es prisma neblado

que atrapa y quiebra

la luz de su nombre.


Brilla espectros

en el portal

donde dejó en cadáver,

donde yacen las cenizas

mi galaxia...


Donde hubo

un nombre, luz,

estrella, corazón,

hoy solo queda

materia oscura.


Los versos rotos

en el suelo

de su eterno olvido

que la rosa negra

consuela con sus brazos.


Enredando sus espinas

a los maxilares y vértebras...

y a la raíz del alma

del cuerpo sin lápida.


La osamenta sentada

en espera perenne

en cenizas siderales

de un suspiro muerto...


Cada partícula de mi ser

es abrazada fuertemente

por infinitos neutrinos

que perciben la tristeza

de mis átomos.


Unen cada átomo

cada fragmento disperso

reconstruyendo

una nueva estrella

en el universo...


Donde nace

el alba de la constelación

de la nada que dejó

su nombre,

en la eterna nebulosa

del vacío estelar...


--Christian Aycho Carbajal

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