La Partitura de Dios
El trino del gorrión,
la melodía del ruiseñor,
que emerge de los pulsos
de su alma graban con su canto
la alquimia del ADN:
el código secreto del brote
En las semillas del linaje,
se refleja la transcripción,
la impresión de hojas,
flores, frutos...
la belleza sublime del universo
el sueño constelar.
El Creador del universo
configuró la sinfonía
en la partitura eterna
de los núcleos cósmicos,
entrelazándolos para latir
en la nebulosa en unidad.
La tejió con la piel del pétalo,
con los colores de arrebol,
con aurora boreal
con néctar y calor
en el velo visible
de las estrellas.
Es Dios el Creador:
la partitura etérea
cifró con una caricia,
con un beso, los latidos
en la savia lumínica
de las luciérnagas cuánticas.
Bailan, abrazados
a los universos,
el ballet eterno
de miríadas de alas,
de infillones de seres.
La energía lumínica
es el fuego primordial
que se desliza
en los conductos
del enlace sinfónico.
El río cuántico
late en tu corazón,
cada nota celestial,
en el xilema
de las almas
de piel verde,
en los núcleos
de los quarks
y en la piel
los pulsares
de las galaxias.
Creó las almas
para flexionar
la mecánica estelar,
los movimientos
de los cuerpos
en la fiesta sagrada.
Creó los avatares
en cuerpos de barro
estelar; en diseños
maravillosos. Es Dios,
el Artista Estelar.
Y los pinceló
y encendió
con su luz,
y los instaló
con un alma
consciente
en la pureza
de sus cristales.
Son las almas
los viajeros de la luz
que atraviesan los límites
de la multidimensión.
Cada cuerpo es solo
el gran camino al elixir
de la existencia sagrada.
Es el amor el lazo
de los núcleos,
en besos de miel y jalea,
en polen de estrellas,
en supernovas de amor.
Es el suspiro que brilla
en las pupilas que sueñan,
el eco de un paraíso enamorado
que late cantos y bailes
en el universo de su cuerpo.
Dios une almas y cuerpos
para romper las barreras
del colapso, de la adversidad,
de la polución, de las guerras.
Es el amor el filo de la materia
que atraviesa la oscuridad.
Es el amor el rayo que quiebra
las grietas y teje la belleza
del mundo. No hay nada
que el amor no ilumine
con la luz de la flor cuántica.
Mas si una fuerza oscura
pretendiese tergiversar
el color del amor,
el sello de la vida.
Será vano el intento:
la fuerza y la luz del poema
es la línea que irradia la chispa
de Dios que encenderá la luz
en el núcleo de cada alma,
En un abrazo de especies y estrellas,
en la nostalgia de vivir y sonreír
compartiendo pulsos,
latiendo la partitura de Dios
por la eternidad,
por los siglos de los siglos.
Amén.
--Christian Aycho Carbajal
Poema dedicado a la humanidad,
con mucho amor.



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