Vórtices del Colapso













Es momento del despertar,

de desplegar las atadas alas

aleteando las vertidas nieblas,

¡No permitiremos más!

que el silencio sepia

devore nuestra sinfonía.


Nos pintaron el cielo de sombras

sin sentido, sin alegría, sin paz...

donde reina el caos en valores,


Sembraron oscuridad 

grietas vacías de dolor,

en los corazones,

en las conciencias

para apagarlos 

en el anonimato.


Pero ¡No!, 

abre las ventanas,

para dejar pasar el viento

a lo lejos se divisa

la sinfonía del tiempo.


Las hojas agolpadas 

vibran pulsos hondos de libertad 

el alba ilumina el rostro

el flujo relativo de la historia

con la colisión de hadrones de luz 

en los núcleos neurales.


A través del portal de la ventana 

ingresa el oxígeno al pequeño universo,

en alquimia de la savia lumínica 

se reactivan los núcleos cuánticos.


Enciende la conciencia 

de tu almateria 

en jadeos profundos 

para el brillo de tus quarks 

en bostezos profundos 

que los brazos pincelan.


La costumbre busca ansiosa

el portal, el espejo de luces 

se encienden en un pulsar,

los dedos desactivan la llave.


Desplegando el vórtice 

en huracanes ondulares 

en infiernos y cielos

que los espejos refractan.


Fluyen en el conducto

distracciones seductoras, 

oscuras ondas destructoras

del abismo angustial...


Impactan en mis galaxias 

el dolor del mundo,

el corazón se enreda 

de nostalgia y esperanza...


Hay almas en pena

con cuerpos desollados

con gritos en prisiones vítreas

del infierno disruptivo...


El Hades disfruta y ríe

detrás del colapso sembrado 

sus nieblas despedazan

los cuerpos estelares 

en lenta y letal agonía...


Hospitales llenos en ecos rotos

donde estallan los latidos 

los labios secos exhalan

el vaho gris de la muerte,

la lujuria besa la piel ajena 

y sonríe en la oscuridad...


El pulmón del mundo desarraigado,

los tóxicos cauces extinguen agallas,

las calles, las casas, los cielos,

las personas atrapadas en islas, 

en las mazmorras del ego.


Los grillos tras los espejos 

despedazan los corazones

en odios, en holocaustos,

en guerras que apagan versos,

trocando la sinfonía cuántica 

en lamentos del dantesco averno.


Los espejos animados...

inyectan larvas negras 

en los núcleos neurales 

en los velos cuánticos.


Oscureciendo galaxias 

sumiéndolos lentamente 

en el espantoso colapso 

de la eterna noche cuántica...


Somos cristales cuánticos 

que atrapan mariposas de luz

que reavivan y reaniman

el manantial cuántico.


Pero hay frágiles cuerpos

que atrapan nebulosas 

que devoran su existencia

en poemas sin nombre, 

sin libro, sin luz...


Puede el Hades reír 

hasta quedarse sin carbono,

pero hay almas rebeldes 

que se cansaron.


Se cansaron de murmurar

y susurrar sueños aprisionados 

bajo el óxido de los eslabones,

bajo la mordaza...


¡Romperemos!

sus brazos de niebla 

que tapan nuestros horizontes, 


¡Ahí vamos!,

a construir el cielo, 

donde el caos 

estuvo a punto de colapsar 

el último núcleo vivo

de la sagrada creación de Dios...


Lucharemos con nuestros cuerpos,

radiantes héroes de luz,

las enigmáticas estrellas galácticas...


Hasta salvar el último cuerpo,

contemplar sus mejillas 

la ternura y la esperanza activa,


Despertaremos la última sonrisa

del último quark 

bajo los escombros,

dándole más latidos de vida

por los siglos de los siglos...


¡Construiremos 

con nuestra savia lumínica,

con la conciencia etérea 

encendida, pura y acrisolada,  

nuestro nuevo Edén Cósmico!...


--Christian Aycho Carbajal

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