La Sinfonía Feliz

















Los pulsares, 
quásares, estelas...
flamean las velas 
que palpitan latentes 
en el multiverso 
constelar...

Y en ese vasto aliento 
Cada nota,
cada silencio,
cada partícula,
cada fragmento
quiebra la sinfonía,
la sintonía del viento
hecho de vibrantes lúmenes.

Bajo ese cielo, 
pulsan las olas,
ondean hondas gotas
que resuenan en los cielos,
elevando las almas
a la felicidad.

A la plenitud,
al punto más alto,
al edén extasial,
a la alegría cuántica...

Ese punto disolvente
donde se liberan,
se disipan y desvanecen
las pesadas cadenas
del sufrimiento anonimal...

Es el mismo instante 
en que el polen
se libera en la luz,
dando origen al fruto,
esparciendo las semillas
en la constelación vegetal.

Y es ahí donde el hombre
construye nuevos cielos
para la resonancia,
para la sinfonía feliz.

Teje así el vestido 
de la galaxia verde:
las flores, hojas, árboles,
animales, arreboles,
cuásares... 

Porque la belleza, el amor,
la felicidad, la alegría...
son la configuración
del divo creador.

Su expresión 
es el baile etereal
de las sonrisas,
es el calor estelar
de sus brillos...

Son melodías de colores
en los fotones,
en el aroma nupcial...

Es el tejido divino
de los pétalos
en las poliformas
de los cuerpos...
la constelación subatómica
de bellos fotones
que irradian sus ojos.

Es la lozanía de sus grietas,
de su membrana estelar;
el tapiz de las colisiones
del sueño,
de la piel tersa.

Y en los labios,
en dulces gajos
y pulpas masticables,
en uvas, olivos...
fluye suave e incesante
la savia lumínica etérea.

El néctar alquímico 
de sus besos
es el maná de los dioses,
el aliento de luz
que rota los quarks
de cada latido feliz...

-Christian Aycho Carbajal

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