La Sinfonía del Color
El horizonte constelar
revela su piel secreta,
estampa viva del sol
en la semilla del átomo.
En espejos de luz
que laten y respiran,
la radiación invisible
toca los centros vivos,
y despierta
emociones, sueños, actos.
La verde galaxia
teje en su savia
la miel del sol,
el calor que las almas
siembran en sus entrañas.
Los pétalos respiran aromas,
y el néctar de la luz
en la bóveda multicolor
susurra el amor inmanente,
la belleza del cosmos,
la materia que siente.
Una trama divina
derrama tonalidades
en espirales de resplandor,
en la manta del cielo,
en el polen y en la miel.
Rosas, árboles, venados, peces,
la aurora, la niebla…
abren los ojos del mundo
y lavan los rostros
con fulgores suaves.
El canto del agua,
los trinos del aire,
las hélices vivas,
los cristales del rocío,
el susurro del árbol…
El vuelo del colibrí,
el pulso de la abeja estelar
traza arcos invisibles
en el polen del tiempo.
El prisma revela
un lenguaje profundo:
un código que enlaza
la danza del quark
y la lengua del colibrí.
Un paso, un latido,
otro paso, un giro.
Nadie retorna intacto
en el camino invisible
donde los centros vivos
ondulan el tiempo
en savia encendida.
La energía, la luz, las ondas
giran el tiempo,
pintan el cielo,
tejen los días
en una sinfonía viva.
La luz continúa,
escribe el mundo
sílabas de fuego.
Cada pulso de luz,
cada latido profundo,
es voz de lo eterno;
y su silencio lento
es la sombra del final.
Un mensaje trazado
con lágrimas de luz,
un texto de colores
que vibran sin forma visible.
Cada trazo contiene
una intención secreta:
los colores despiertan
hebras dormidas de luz.
Son manantiales invisibles,
destellos que encienden
los tejidos internos
donde la mente entrelaza
luz y materia
en su alquimia infinita.
Los colores son lenguaje,
voz de lo esencial,
susurro de los elementos.
Flores y cristales
actúan como nudos de luz
que guardan y derraman
resplandor y onda.
En el choque de chispas,
el espejo interior recoge
los tonos que despiertan
la danza mínima
en el río del ser.
Los pulsos vibran,
encienden átomos y sueños;
cada color entona
una melodía distinta
en cada cuerpo vivo.
Y el universo canta
su música cromática:
acordes que estremecen
la memoria de las galaxias.
La muerte
es el tono invisible,
la sombra que abre
nuevos espectros.
Es la noche donde arde lento
el último rayo
de la vela del ser.
Y el universo suspira
su nota final:
un acorde de pétalos y gravedad
donde la luz no muere,
se transforma
en el silencio que late.
Y volverán las estrellas,
despertando de la ceniza,
ardiendo con furia nueva,
con la chispa primera
que enciende la vida.
En el respiro del infinito,
el cosmos se recrea
en su propio misterio.
--Christian Aycho Carbajal



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