Melíxir













Cantan las remembranzas

la sinfonía del río cósmico 

en océanos de sal y hierro,

que labra mis grietas...


Cargado de fotografías astilladas

que cortan mis arterias,

que desangran mis latidos

en lento sufrimiento, 

sin muerte...


El cine donde tus ojos

encendían mis absortos quarks,

que contemplaban tu luz

guiando mis dedos

rozaban tus mejillas

tus cabellos estelares...


El café, el panqueque

la butifarra, los dulces...

las pastas, el banquete...

las personas, las mascotas, 

los parques...


Son melodías que endulzan

mis nostalgias cuánticas,

mis iteradas heridas...


"Heridas que saben a ti

al infierno de tu traición

que arde, ¡duele!..."

antes sabía a tu calor,

hoy, a la dantesca erupción...


Cada verso de nuestro poema

donde mis labios sentían

tu boca húmeda y lunar,

libando el melíxir de tu piel.


Tu boca que susurraba

¡Te amo!, mi nombre

al cielo y a las estrellas

con el sol que llevas dentro

aquellas que encendían

las galaxias de mi cuerpo...


Cada juego, cada locura

los secretos del almíbar 

los he pincelado 

en el corazón de Venus 

con cada gota de mi sangre...


Los recuerdos que despedazan

las cuerdas del arpa cuántica

del tiempo gélido y sin habla, 


Que aplastan mi mirada

en la ventana del olvido

pegados a la luna del avión...


Cada lágrima rompe 

el vacío cósmico nebuloso

el sentimiento inefable 

encriptado en palabras 

del dolor jamás escritas...


"Cada recuerdo, cada nota

es una aguja del agujero negro 

que absorbe almas, es diluvio 

de fuego que arde"


Es tu ausencia la noche eterna 

que apagó mis párpados,

mi expresión, mi cadáver

sin aliento, holograma sin luz...


Sé que jamás leerás

los fragmentos de mis versos,

los guardaré en la memoria

de millones de estrellas

y en los corazones, 

de quienes lean estas líneas...


Quizá, el reflejo de nuestra sinfonía 

aún ondule en la savia del tiempo

como este corazón que late

en los reflejos del multiverso.


Donde siempre

habrá un corazón

que ame hasta los huesos...


Quitándose la piel del alma

y entregando sus latidos, 

sus pulsos sin baterías

hasta extinguirse

como los cuásares...


Por la razón más sublime

que titila el corazón, 

por la mujer que un día

calcinó al libro y al poeta...


"Aún así la sinfonía

espectral de mis latidos

nunca se apagará..."


Mi alma incandescente

seguirá vibrando en los núcleos

de las luciérnagas constelares,

donde guardé el eco ondular

de cada verso, de cada latido.


Grabé en cada estrella 

mis pulsos, mis deseos...

con el eco de mis manos 

acariciarán tu piel, 


Cuando tu luz 

titile sin fuerzas 

pulsaré tus latidos

y abrazaré tu alma 

en tus horas adversas...


"Te amaré en la eternidad

mi miel y elíxir existencial..."


--Christian Aycho Carbajal

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