Las Sociedades Cuánticas
Somos la más bella proyección
del entrelazo cuántico
que teje el velo holográfico
de todos los cuerpos vivos
y los une en la red dimensional.
Somos la energía etérea
que revoluciona el tiempo
desde nuestros núcleos,
todo está interconectado
para rotar la existencia.
Somos el universo pequeño
reflejado en la inmensidad
de la unión molecular,
formando desde neutrinos,
quarks, humanos, pulsares...
¡quásares de luz unificada!
Las hermosas pupilas
de los ojos que miran
son tejidos de millones
de células que captan
la colisión de la luz
y la belleza de otros millones
de células de otra sociedad:
La belleza de la chica en el metro.
Y en ese cruce de miradas,
los universo enteros se reconocen,
palpitando galaxias cuánticas,
pintando mariposas estelares
en sus almas entrelazadas.
Palpitando el amor
en sus radiantes espejos
en la sonrisa de un quark
proyectándose en los labios
y en los dientes de ella...
Y la alegría en el corazón
del jovencito que suspira
y late el perfume de la atracción
y la armonía estelar del amor.
La sociedad del panal
de las abejas estelares
que trabajan organizadas
en un orden cuántico natural,
urdiendo la vida con el polen
cuántico de los latidos
que perduran en el tiempo.
Somos seres sociales,
la sagrada ley
configurada en las entrañas,
la lucha por existir
y el amplio tejido
de la materia por lazos
e enlaces electromagnéticos.
En cada célula de tu corazón
hay un mundo donde no existe
el egoísmo, la división...
quien creó el egoísmo
no conocía el mundo cuántico.
Todas las células
cardiomiocitos queman
Adenosín Trifosfato
junto a otras células
de tu corazón luchan
en un mundo subatómico
por tus latidos de vida...
Somos manantiales cuánticos
tejidos y alimentados por:
ATP, NADH, FADH2 y
creatina fosfato, hilos que tejen,
el velo de la vida y la salud.
Las neuronas de tu galaxia neural,
tu conciencia interconectada,
dan lo mejor para que estés bien,
aguardan el rocío de luz
que custodia tu cuerpo consciente.
Si desarmáramos las prisiones
de la mente para hallarnos en el otro,
el hambre, el ego, la maldad...
se desvanecerían en el entrelazo.
Las lenguas como sistemas,
códigos que parecen creados
para dividir sociedades,
en fronteras de la destrucción.
Sin embargo el lenguaje
es proyección cuántica
que el cuerpo expresa,
hecho común en todos.
No tenemos los mismos dogmas
ni el mismo credo,
pero palpitamos el éter,
la misma savia lumínica
que nos une a la humanidad...
Somos seres conscientes
de la existencia
de los multiversos
que operan en
nuestro intrauniverso.
Ellos reflejan:
sueños que ardieron,
deseos que palpitaron,
ansias que emergieron,
decisiones que vibraron,
acciones que resonaron,
alegrías que entrelazaron...
Un árbol que germina
desde la mínima semilla
despliega raíces, hojas, tallos,
ramas, frutos y semillas
y sobrevive a la tormenta...
se trueca en alma que perdura.
Un perro o gato de mascota
no posee habla humana
pero posee lenguaje inteligente
ama, siente, expresa alegría...
actúa con conciencia plena,
por tanto posee alma.
Los seres humanos
conscientes y capaces
de brindar ayuda
a quien necesite,
capaces de amar y
reconocer su fragilidad,
brindando latidos y luz
a otros espejos cuánticos,
se truecan en seres con alma.
Un ser capaz de verse
en el alma de quien sufre
las amenazas del mundo,
los peligros contra su vida.
Un ser que reconoce
que la contaminación cuántica
es daño a sí mismo
porque el agua del tóxico
que has diseminado
volverá a tus venas...
Los átomos que forman rocíos
de agua, se unen en el cauce
para un fin determinado:
hidratar las almas sedientas.
Las sociedades de las hormigas
trabajan juntas para vivir
colaborando en simbiosis perfecta,
aún ciegos al designio
del tejido cuántico.
El día en que la humanidad
descubra que en sociedad
se logran grandiosas obras
podremos construir el hogar
para todos, el Edén Cósmico.
El ethos no es teoría
es el latido mismo,
producto de la organización
de la disciplina,
de Ayni solidario de los quarks
de las células, por verte sonreír
un día más en este mundo.
Sin embargo seguimos
pensando que aislados,
envidiando progresos ajenos
y cerniendo daños ajenos,
nos hace frágiles al fracaso.
El mundo cuántico
solo vela por el bienestar,
su configuración original
escrita por alguien superior,
corresponde a cristales limpios;
es el humano quien
con sombras de olvido
nubla su esencia pura.
Tu esencia,
tu conciencia,
tu corazón,
lo que sientes,
lo que anhelas...
Siempre estuvieron ahí,
en tu intrauniverso,
¡Somos, al fin, el multiverso
de las sociedades cuánticas!
--Christian Aycho Carbajal



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