Luz Cuántica
En la inmensa constelación
del eterno río de luciérnagas,
se desliza sobre los núcleos
latentes que irradian luz,
una fuerza primordial.
Toda la materia
gira, rota,... en función
de la proyección
de infillones de seres
multidimensionales.
Nada es casual,
todo pasa por el tejido
que trenzan los cuerpos
por los sueños que sorben
en el anhelo cuántico.
Infillones de electrones,
quarks, gluones...
células... estrellas, galaxias...
se baten en batallas cósmicas
en el mundo contra las sombras
para proteger la luz de vida.
La materia cuántica
de la savia lumínica
es un espejo de cristales
que reflejan el rostro
de los sueños materia en luz.
Tus deseos más sublimes
tus sueños son el susurro
de tus quarks, dictando
el elíxir de su existencia
en latidos y pasiones.
En su interior,
proyecta el mensaje,
descifra con reflejos
transformándolo
en piel mimetizante.
La conciencia del humano
reside en los cristales
en el cúmulo de golpes
que duelen hondo,
de las grietas, del hambre,
en guerras, contaminación...
Es el alma, habiendo
experimentado espinas,
que ha llorado ante
el rostro de la tormenta.
El aprendizaje de los seres
es radiante cuando
sus prismas se encuentran
en estado pulcro.
El aprendizaje ingresa
al cuerpo cuando
los pulsos de onda
poseen filo contundente.
Cada colisión que altere
las membranas
del velo corporal
de las cuerdas del arpa
y el comportamiento atómico
es aprendizaje.
El aprendizaje
del prisma holográfico
en su esencia fractal
a partir de sus grietas
proyecta el sueño
hacia las baterías de luz.
Las baterías energéticas
que florecen
en el jardín estelar,
el Edén Cósmico.
El hogar de las almas
ha sido blanco de ataques
de las fuerzas oscuras
por acabar la existencia:
guerras, holocaustos,
polución, corrupción...
Un cuerpo enfermo,
es mente en colapso,
proyectará un alma débil,
por la nebulosa que sorben;
no todo lo que comen
enciende la luz conciencia.
Los quarks
captan las señales
cuando estas poseen
altisonantes acordes
que mueven los pies
del avatar holográfico.
La sinfonía sagrada
es brisa, es la explosión
de estrellas con campos
que pulsan
entrelazos nucleares.
La esencia
es el néctar del fruto
de la conciencia
que produce gracias
a la polinización
del conocimiento.
El conocimiento es el reflejo
de la materia radiante
en los cristales de quarks;
a más luz, mayor velocidad
en la colisión del aprendizaje.
La retención del enfoque
y captación del objeto
del aprendizaje está
en el impacto ondular
en los espejos.
Si la materia
no mueve o excita
a los quarks dormidos
no se produce
el reflejo esencial.
La imagen de un rayo junto
al sonido disruptivo
producirá pavor.
El velo cuántico del ser
aprende en el rigor
de la razón,
mas la violencia
y la tragedia
se funden en traumas
que los cristales repelen.
La comunicación
entre los núcleos
es vital para la existencia;
no es una necesidad,
es el puente de los latidos.
La comunicación,
es el conducto de pulsos
ondulatorios en los espejos
de la materia que encienden
la razón; los mensajes
pasan por la rendija intencional.
La información que traspasa
otros cuerpos adquiere
nueva variante al original,
la nueva información
tiene un plus intencional.
Todos los cuerpos
buscan las baterías de luz
para encender su radiación;
si alguien te habla
es por una intención.
El hombre aprende
de la sed y del hambre
en el desierto árido,
más no en la abundancia.
El hombre encuentra
las respuestas
y los manuales
de la razón
en los demás núcleos.
El acto de compartir
conocimiento
para la producción
de las baterías
o el compartimiento
de las baterías
es un acto existencial
que trasciende la vida.
Es compartir latidos
para fortalecer los entrelazos,
es mantener viva la creación
de infillones de cuerpos estelares.
Compartir es el acto
más sagrado de la vida,
porque dar latidos
a las almas es dar vida,
y la vida es Dios.
El egoísmo es el aislamiento
en las sombras para apagar
por separado los núcleos vivos.
El amor es el entrelazo divino
que une dos almas
con cuerpos en un
rompecabezas perfecto
para dar a luz el nuevo ADN
extendiendo el río estelar.
Naves interestelares
tratarán de buscar
en el más allá
la respuesta en el eco,
más no en la causa.
En la eterna inmensidad
del mar existencial
de infillones de almas
sueñan un Edén Cósmico.
Una razón que pulsa las velas
y los latidos en la dirección
de las baterías de la luz.
Esa luz que enciende la vida,
la razón existencial
de cada latido,
de cada sueño,
de cada ser humano:
la esperanza,
el amor, la felicidad...
La fuerza única
que enciende los núcleos
en perfecta sinfonía cuántica
para latir bienestar,
es el pulso primordial,
es fulgor, es vida, es Dios.
—Christian Aycho Carbajal



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