Las Ruedas Estelares

La vida germina
en las semillas cósmicas
que contienen la programación
divina escrita en neutrinos,
gluones, protones, quarks...
Configurados y encriptados
en los núcleos estelares y
en las cuerdas del ADN
que capturan y transcriben
el lenguaje del germen.
Expresados en la diversidad
en la belleza de colores, formas
en todos los cuerpos
el ubérrimo huerto de Dios,
donde la constelación
canta la sinfonía infinita.
Los latidos
en el corazón
en el vórtice;
en cada spin
en cada giro
en cada rotor...
Somos cuerpos
que liman los cielos
con su piel
con sus lágrimas
con sus deseos.
Y así, somos estrellas radiantes
en el tapiz celestial,
conectados en el
caluroso abrazo
del éter sagrado.
Los hombres plasman
sus sueños en las sombras,
en el sufrimiento y
el sudor tenaz de siembre,
para deleitar
el elíxir de la luz.
Relatan en sus reflejos,
los fragmentos del dolor,
la nostalgia y
la lucha épica
que traza cada movimiento,
cada destino al triunfo.
Es su historia cada giro
de lucha contra la muerte,
buscando el pulso luminoso
que alimenta cada día de vida.
Somos materia móvil
el barro holográfico
que absorbe la energía
de la existencia
para seguir girando la rueda
del vórtice estelar.
Atraemos fuerza cuando
nuestro manantial cuántico
está limpio y colmado,
liberando radiantes ondas
de luz esencial.
Los alimentos,
los alientos
el compartir...
son más de vida
es nueva luz en los ojos
que nos brinda la esperanza
de seguir luchando.
Es la razón primordial
que sella en la conciencia
la esperanza latente
de luchar por tu vida
y por la vida de toda
la creación divina.
Somos la rueda del tiempo
que gira en el renacimiento
de la energía divina
deslizándose por el camino
del horizonte constelar
multidimensional.
En el río etéreo de luciérnagas
vibra la lumbre intensa de Dios,
donde aletea la almateria
en la infinita gracia celestial.
La expresión sublime
de Dios está presente:
en cada latido, en la materia,
en la luz, en la conciencia,
en nuevos días de esperanza.
Susurra en nuestras almas
su inmenso amor,
su sublime bendición,
y el universo entero
gira en gratitud infinita.
¡Gracias, Dios mío!
--Christian Aycho Carbajal


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