Presagio Cuántico
Tu Intrauniverso susurra
lienzos variables del camino,
advierte en silencio cósmico
el efecto de cada acto
en el quantum.
Ignoras sus pulsos,
cavilas femtosegundos
y clamas: "¡Señales tontas!"
hasta que estalla la supernova.
La realidad imprime la consecuencia
y recuerdas: tus manos sostenían
la llave antes de abandonarla.
Cuando preferiste ecos ajenos,
o dejaste el arroz consumirse
en llamas, o pospusiste a tu amada
por sombras, o evadiste el nido
paterno por venenos.
Nada es casual:
tu cuerpo cristalino es antena
captando bosones de lo real,
traduciendo lluvias de notas
en tu partitura sensorial expandida.
Cada omisión: meteorito
incendiando atmósferas de tu estrella.
Quienes jugaron y fallaron
vibran en arpas idénticas
—ecos de fracturas resonantes.
No es intuición: son pulsares internos,
el entrelazamiento cuántico
contigo mismo, la órbita reversa
de tus sentidos—tu intrauniverso
cuántico-cósmico.
Tus núcleos orbitales tejen caminos
en el sueño neural.
Lo que escuchas es sinfonía
traducida en cine cósmico;
lo que respiras: aromas cristalinos
que emergen de la onda primordial.
Tus adentros reflejan colisiones,
golpes de onda en tu estrella interna,
y de esa cristalografía impactada
proyectas tu semblante al mundo.
Sabes el peligro oculto:
quimiocepción que alerta tóxicos,
antes de palparlo u olerlo.
Resuenas con morfologías:
cúspides que atraen o repelen.
Sientes termoclimas ajenos:
radiación de intrauniversos.
Ves sonidos, oyes colores:
sinestesia decodificando núcleos.
nada es lo que pareces oír
nada es lo que pareces sentir,
Mides distancias emocionales:
ecolocalización de corazones.
rastreas tu constelación:
propiocepción sideral del alma.
En el vacío o plenitud
reconoces pulsos compartidos
—combustible para tu estrella,
eres cristal magnético.
Escucha en silencio absoluto.
Cierra los ojos. Respira profundo.
Oxigena cada latido cósmico.
Tu mente delineará preferencias,
ordenará actos y pulsiones,
pincelando sueños en tu holograma.
Los sentidos del Intrauniverso
diagnostican intenciones ajenas
en tiempo real. Tu cuerpo sabe
antes que la razón del plano neural.
Empatía que comparte huellas
en radiografías del alma.
Sincronía: puente que se construye solo.
Asincronía: fricción de pulsos repelentes.
Entrelazo: miradas de color compartido
—ondulación cuántica de corazones
del amor.
Maldición: radiación de nieblas
que empañan cristales cuánticos.
Bendición: maná cósmico
que tu núcleo recibe
como luz y calor emocional.
Hipocresía: fractura óptica
—radiación opaca detectada.
Cicatería: subsunción del alma frágil.
Filantropía: alimento que celebra
latidos en gestos y palabras.
Soberbia: espectro vacuo
desde falsas cúspides.
Premonición: susurros
que murmuran el peligro.
Oquedad: campo supermasivo
que atrae desgracias gravitacionales,
tú creas este campo con tu mente.
El Intrauniverso es sabiduría pura.
El cerebro: interfaz cuántica
del cuerpo inteligente que atrae
frutos con alquimia cósmica
cereza de dulce pulpa en tus labios.
Eres el observador que colapsa ondas
en realidades que tu esencia nombra.
La alquimia corporal es magia
—energía de bosones danzando.
Universo dentro del multiverso.
Tú tienes el control:
atraes cielos de luz consciente
o infiernos de sombra y sufrimiento.
hacia tu centro gravitacional.
Cada elección de tus figuras literarias
son la proyección de nuevas realidades,
la materia solo obedece a tu alquimia,
un plegado del multiverso,
hacia tu centro de gravedad y esencia.
Todo es proyección cuántica,
eres tú el escritor, la pluma
la tinta alquímica y los sucesos
que escribes en el poema
de tu existencia.
—Christian Aycho Carbajal
Poema dedicado a la humanidad.

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