El Extravío













Salí de casa un ocaso 

a ver el multiverso interdimensional,

y encontré universos humanos,

me sumergí sigiloso a contemplar

sus densos océanos silentes,

en sus miradas rotas.


Pude ver sus rostros 

que se encierran

en horizontes vacíos,

sin estrellas, sin universo, 

sin reflejos de quien son

en sus quarks oculares.


Las casas, los vehículos,

los parques, la atmósfera,

cada cuerpo errante 

se ha tornado yermo y desolado,

apagado en reflejo de epitafios.


Un páramo sin color,

sin sabor, sin sueños,

sin paz, sin perfume, 

sin esperanzas; la rutina 

sorbió los corazones

dejando cuerpos

que laten cansancio,

prisión gélida y sofocada.


Sentado en el parque

vi una jovencita hermosa

que pedía limosna

con una mirada que clamaba

latidos y aliento para su corazón,

a las almas que encontraba

en su camino, reflejando 

la cruel crudeza de vivir sin hogar...

¿acaso la tierra no es casa de todos?


Luego de un momento 

una figura solitaria se acercaba,

reducida a un estado sórdido

de autoabandono,cual zombie,

cual cadáver sin rumbo,

exhalando hedor a alcohol,

con la mirada estampada

en la muerte.


Sentado en el banco del parque 

me puse a leer un libro,

de pronto,una anciana 

se sentó al costado,

sacó una bolsa de maíz

y alimentó a una bandada

que descendió con hambre.


Yo mantuve la calma.

Noté que me miraban

con sigilo y con hambre.

Vi la sonrisa y la nostalgia

en la expresión de satisfacción

de la mujer de buen corazón.


Seguí leyendo el libro 

pero ahora las páginas del tiempo,

con los ojos en las escenas de la vida,

los minutos más impactantes,

contemplando el calor humano.

Tiempo después,la anciana se retiró.


Luego al frente mío 

divisé una pareja de ancianos

abrazados en el banco

del entrelazo cuántico

que se hace ternura tangible,

hablando entre sonrisas

y miradas risueñas,

cual éxtasis épico que eriza 

los velos y enternece almas.


Leía unas líneas y de pronto, 

pasaron dos jovencitas

junto a su amigo;pasaban

los tres fumando

como viejas locomotoras 

jadeando de sus bocas

el humo infernal y charlando.


La estela del humo cambió 

el color de la escena

de la verde galaxia de jade

en un espanto azulgrisáceo,

el sol naranja entre el brillo

de mis quarks oculares.


Me dio alergia nasal

—no fumo—, pero es inverosimil 

este curso de estrellas fugaces,

este río que fluye con personas

y retóricas, cada uno con un mundo

completamente distinto.


Me levanté y seguí caminando.

vi a tres niños jugando

junto a su padre, enseñándoles

en cada instante, muy atento,

cual aves enseñan a alimentar 

y a volar en el mundo 

de las posibilidades.


En el camino a casa,

pude ver a mi sombra

reflexionando en cada verso

del poema de la vida:

cada quien sobrevive su mundo

con sus estrellas llenas

de cráteres colisionados

por cometas,rocas,

polvo y basura espacial

desactivándoselentamente.


Bajo el vórtice de la escalera 

bajé al metro de retorno,

me senté y contemplé otra escena:

muchas personas iban de pie

y otros sentados;todos observan 

sus celulares para no mirarse

a los rostros,bajando en cada 

estación como gotas de sudor,

cual almas liberándose al vacío.


Unos van cansados, durmiendo;

otros ebrios; forzando su equilibrio;

otros, con la desesperación encajada, 

como si hubieran olvidado algo vital.


Yo mantengo la calma

en cada jadeo, en cada latido,

cual piano en armonía cósmica,

cavilando cada pulso, cada escena,

atrapado en un portal cósmico.


La tecnología se ha convertido

en un refugio digital de las almas,

donde esconden heridas infligidas

por un mundo despedazado,

en deudas, en problemas, en peleas...


Muchas veces discutiendo 

en llamadas o consigo mismos 

con su intrauniverso, latiendo 

al parecer paradojas insuperables.


Por las lágrimas de la crisis,

por las llagas sangrientas de guerra,

por las grietas de la desigualdad,

por el viento cansado con poco

oxígeno que gime gases tóxicos.


Por el caos económico,

por las heridas de los traumas

y los silencios psicosociales…

por los golpes intencionados

al amor con odio y a los valores…


Nos han moldeado en humanos

frágiles,despedazados, desgastados,

inconscientes del lento suicidio emocional,

del hambre estelar y del suicidio alimenticio

que devora luces anatómicas y atómicas…


La distorsión abrupta de la realidad 

y de los cuerpos en un infierno

y escuela de lecciones sin precedentes.


Aquella Escuela Cósmica 

donde infillones han reprobado,

cayendo como almas errantes,

extraviadas en sus propias

escalas infernales del sufrimiento.


Duele el mundo, duele mi corazón 

y en los latidos más humanos,

las guerras,las crisis, la polución...

que acaban con nuestros propios

reflejos latidos en el mismo pecho.


Es tan pesada la carga existencial,

la salida única al final del túnel

es recuperar nuestra brújula,

nuestro rumbo constelar,

nuestra sinfonía cuántica.


Recuperando la lozanía y  

y las melodías de radiantes estrellas,

redescubrir nuestro elíxir 

del eterno lazo que nace y late 

en nuestro centro gravitacional 

y nos reconecta a la humanidad


En el entrelazo cuántico del abrazo

en el calor humano de cada corazón,

en el núcleo consciente de la almateria,

para vivir y construir una auténtica

y sublime sociedad humana.


—Christian Aycho Carbajal

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