La XII Sinfonía Cuántica











En el firmamento

constelar laten 

infinitas estrellas,

que desplegan sus alas

en una red vibrante.

 

Mi madre y mi padre,

unieron sus núcleos

con la alquimia 

de su dulce amor

en un bello hogar 

que ellos construyeron 

mi nido cósmico.

 

Y ahí nací yo, 

delinearon mi almateria,

en el calor de sus plumas

en el calor del alimento...

unas alas,

una maravillosa ave

que vuela y canta.

 

Pero un día 

algo quebró 

el cielo, sorbiendo

mis alas, 

mi cuerpo...

 

No fui elegido, 

fui arrancado

del vientre 

de la Verde Galaxia 

 

Bastó un instante 

de descuido, 

para colisionar,

en el velo verde...

 

Mis alas frágiles 

aún sin fuerza, 

mis ojos sin cielo, 

frente a titanes extraños,

 

Una niña me encontró

al inicio me agarró 

sus manos pequeñas 

mi respiro se detuvo

en ahogo, 

en desesperación,

 

Sentía asfixia

pero luego

un hombre, le pidió 

que me traten 

con cuidado.

 

Fui llevado a una casa,

confinado en una caja,

con migas de pan y agua.

 

Luego al día siguiente,

un nuevo destino

en una cárcel de hierro

una jaula de hielo,

con las alas deprimidas.

 

El mismo infierno, 

alguien me pedía 

cantar; canté y canté,

hasta quedar sin aire.

 

Pensé que así

me dejarían salir, 

pero eso nunca pasó,

la puerta siguió

cerrada oscura 

y silente...

 

Trate de salir,

desgarre mis alas, 

mis plumas, 

las pesadillas 

retorcían mi vida.

 

Pero un día trajeron 

a un ángel del cielo,

un cachorro juguetón 

con quién cultivamos 

una extraña amistad,

pasaron pocos meses 

y ambos crecimos.

 

Un día le conté 

mi historia de prisión 

que le conmovió 

el alma y las pupilas, 

y con un ladrido, ¡clamo!

¡Te sacaré de aquí!

 

Una mañana 

cuando la carcelera

se fue al trabajo, 

mi valiente amigo

se subió a la mesa

para mover el ancla

y del infierno 

que me ataba 

y se desplomó.

 

Al retirarlo, caí junto

a la retorcida mazmorra,

que se partió en dos,

ileso mi cuerpo al fin.

 

Llegó el momento 

de despedirme de mi amigo,

juramos nunca olvidarnos,

y volver a vernos en el parque.

 

Pude desplegar mis alas

un poco pesado 

por el cautiverio 

sacudí el dolor,

el estrés y las sombras 

se disiparon en la ventana,

un suspiro profundo 

y me lancé a los brazos 

de la libertad, 

 

Recorrí los cielos extensos,

sentí la brisa del cielo 

abrazando mi alma,

mis plumas sentían 

el cálido abrazo del sol.

 

Atravesé con lágrimas 

la constelación azul, 

el brillo del rocío 

reflejó el pristal cuántico 

de mis ojos con la luz...

 

Mi corazón 

latía nuevamente

la Sinfonía Cuántica

la melodía feliz

de quarks y quásares 

volé y volé,

trinando versos 

a Dios por mi libertad.

 

Seguí volando

Miles de casas, 

miles de parques,

miles de calles,

hasta encontrar 

a mi familia.

 

De vuelta al 

al entrelazo

al calor original

de mi linaje,

de mis latidos,

de mis sueños,

mi razón existencial.

 

Yace aquí,

la conciencia cuántica,

desprendiéndose

de las sombras,

que desgarran

la libertad existencial.

 

--Christian Aycho Carbajal 


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