Cubo de Hielo
Imagina un mundo
donde el dolor y la angustia
se fundan en momentos
de nieve en el rocío
de la primavera estelar.
Donde cada melodía
de nuestros latidos,
cada paso, cada peldaño
de nuestros andares,
sincronicen en la
sinfonía cuántica.
El entrelazo cuántico
del amor, cada instante,
compartir, cada momento
se eleve a la gratitud divina
y a la celebración constante.
Evoca el germinar:
los primeros años, las vocales
temblorosas en tus labios,
las sílabas titubeantes,
los primeros pasos al caminar,
al desplegar tu mundo, al jugar...
Al hacer amigos, al lograr
aprender nuevas cosas,
al obtener diplomas, grados,
los encuentros familiares,
los reconocimientos...
celebración a los mayores...
A abrazar siempre
en el regreso a casa,
el beso a la madre,
a tu amada, a los hijos...
las palabras de gratitud...
La resonante alegría
en cada rincón del hogar
que enternece pupilas
y los corazones...
Al sagrado rol de enseñar
a discernir los valores de vida,
con el ejemplo, con alegría,
con el refuerzo del abrazo,
la ternura del reencuentro
con tu amada familia.
Los viajes de vacaciones,
el pan y la bebida compartida,
la vida misma, los juegos,
las locuras,... las sonrisas
auténticas capturadas
en las fotografías
de los ojos de tu familia...
Nadie nos enseñó a romper
los resentimientos de hielo
de la prisión del ego
en la fiesta de la confianza
y en el elíxir de vivir...
La rutina ha pretendido
trocar nuestras almas
en personas del ceño torcido
sin risa, endemonizadas
como androides fríos, sin
emociones.
Donde prima la desconfianza
programada en algoritmo
de aislamiento, la prisión
digital del hielo...
La crisis, la falta de trabajo,
el hambre, las costumbres
alimenticias negativas...
los vicios, la contaminación...
las guerras, los holocaustos...
Han pretendido trocar
nuestra esencia humana
en seres inseguros de vivir,
inseguros de sentir calor
en nuestros corazones,
congelando y apagando
nuestras luces estelares.
Obligándonos a ocultar
nuestro fuego interior
en un rincón inhóspito
del cubo de hielo social,
congelándolo en el tiempo
hasta nuestro último suspiro...
Cuando llega el momento
en que una enfermedad
y en los últimos latidos de vida
te cuestionas al corazón
y a la razón...
Preguntándonos si en verdad
valió la pena sobrevivir
en aflicción y sufrimiento continuo,
donde costaba respirar
sin darnos el tiempo para vivir.
¿He vivido para qué, para qué?
Todo aquel tiempo no recuerdas
haber vivido, por tus rutinas,
descuidando a tu familia,
tu alimentación, tu salud...
Las deudas, los bancos...
las responsabilidades
laborales, las modas efímeras,
las exigencias superfluas...
Hemos naufragado cargando
en nuestras espaldas
ardientes infiernos ajenos,
incinerando nuestro hogar,
calcinando a nuestros amados
y a nosotros mismos
en sufrimiento constante.
Pretendieron deshumanizarnos
y acabarnos a simples máquinas
que sudan monedas, para comprar
con la alquimia de su sufrimiento
egos infernales que nos arrastran
a la muerte anónima, incluso
mucho antes de nacer.
Es hora de restablecer
nuestra esencia humana
reviviendo con calor
y alegría cada suceso.
¡Somos humanos, humanos!
no engranajes metálicos.
Cuando nuestra almateria
logre latir la esencia
de nuestra conciencia-luz,
cada instante, cada segundo,
junto a nuestros seres queridos,
Viviremos por fin la dulce
esencia del elíxir alquímico
de la eternidad existencial
en los cuerpos escalares.
--Christian Aycho Carbajal



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