Migas del Inframundo
En trance hipnótico
eligen a un mandatario
que borda un cetro invisible
con hilos que tuercen
su boca en un vortex
de algoritmos y de un
dantesco caos controlado.
Urde y sella papeles
de un supermasivo inverso;
un pueblo que sangra monedas,
almohada para los sueños del lobo.
Abraza los intereses
de sus hilos conductores
bajo una narrativa literaria
con careta de democracia.
Las leyes son muros,
diafragma de drones,
de pólvora y muerte;
sus espectros de negro,
verdugos fungen orden
y patria.
Osa conducir el barco
hacia los sueños del pueblo
cantando falsos reflejos
de un Jardín Primaveral
sorbiendo la emoción humana.
El pueblo siembra esperanzas
en un espejo yermo,
en las máscaras de un monstruo
que sorbe la vida
de la humanidad.
Sorben el sudor del pueblo
trocado en fríos metales,
pagando con migas de pan
de bronce, papel y plástico,
minusvalía para el pueblo
plusvalía para el...
Y si alguien murmura,
cárcel o muerte;
los sueños del pueblo,
un tributo capturado
en reservorios repletos,
con unas manos que giran
la llave, dosificando sequía.
Las almas sufren
la crisis cultivada,
en sed y hambre
con sus cartas
de distracción.
Un circo dantesco
donde las almaterias
del pueblo ríen y lloran
desde los portales
a sus muertos.
Pagando por cada herida
que se autoinfligen
hasta el último latido,
pagando con cuotas
de esclavitud.
Vierten en las prisiones
del saber, el colapso
en teorías neurales,
que pulverizan almas
en añicos e islas neurogitales.
Fragmentando los corazones
en murallas de colores de piel,
ingresos, credos,... resumiendo
al humano en valor del metal.
Almas hundidas en la sombra
de su miseria, en favelas,
chozas y cuevas, sin luz ni calor;
la desnutrición y el abandono,
su miga diaria; humanidad,
un sueño e ideales quebrados.
Mares y ríos expectoran
el vaho aniquilante,
levitando los cuerpos agónicos
de peces, aves, insectos,...
víctimas de la ceguera humana.
Los huertos en abandono
porque afecta el negocio
de los espectros del hambre,
que dominan esclavos
con el fruto y el gatillo.
Urbes desoladas en el humo
y el hedor pestilente,
el progreso paralizado
en el silencio destartalado;
respiran polvo los rostros del futuro,
maquillados por la pobreza.
Liban las raíces de los árboles,
desertificando bosques enteros,
calcinando hasta las semillas,
preparando las brasas
para el infierno sin oxígeno.
Secan ríos, lagunas y manantiales;
antes veíamos rocío y escarcha,
hoy cenizas, llanto seco y asfixia.
Un laberinto del Hades,
aniquilan latidos inocentes
y nadie vela por justicia;
escudando su impunidad
con leyes que sellaron
en pergaminos surrealistas.
Una carta magna,
tratado del Inframundo
del sometimiento,
donde exprimen la sangre,
sudor y lágrimas de la humanidad;
el infierno dantesco yace aquí.
Y, sin embargo,
bajo las capas
de las sombras,
yace la humanidad;
el éter, el elíxir que late,
la revolución de la evolución.
En sus venas late la esencia,
el reflejo de un Edén Cósmico;
aquella tierra prometida
jamás fue un mito enigmático.
Ahora, desde donde estás,
te preguntas ¿Hacia dónde
se dirige la humanidad?
¿Cuál es el rumbo?
¿Cuál es el siguiente paso?,
y ¿Qué haces para dirigir
el sueño humano
a la órbita sublime?.
La esperanza, el calor,
la esencia humana,
siempre estuvo ahí,
en los cristales cuánticos
de la conciencia humana,
en el reflejo más puro,
cubierto por las sombras
de aquel control fisurado.
Pero la conciencia
es luz humana,
es la alquimia mágica
que renacerá
desde las grietas fractales.
De los fragmentos
del inframundo,
desprendiéndose
la prisión infernal
que oscureció las mentes.
--Christian Aycho Carbajal



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