Constante Existencial
A un viejo amigo
una vez le pregunté:
a esta altura de tu existencia,
¿cuál es tu peor miedo?
—¿Miedos?
Los miedos se esfumaron.
Yo los rompí,
alejé aquellas sombras
de mi camino
para llegar aquí.
Hay cosas que alguna vez
quise que sucedieran,
pero comprendí
que no eran para mí.
Con preocupación
él me respondió.
Añadió: es mejor dejar
que sucedan las cosas,
con el sueño en mano,
con el camino trazado,
porque hay espectros
que conducen al camino
del abismo existencial.
Habrá momentos,
aquellos en que
un viento inesperado
aparece en el momento preciso.
Hechos de una constante
matemática que suceden:
hay personas y objetos
que colisionaron en tu vida.
Pero hay espectros
con la careta de amigos,
con la careta de amor,
que te ofrecen la manzana del mal.
Inyectan en tu neuroalquimia
larvas negras de vicios,
de corrupción, del caos,
polución, felonía, antivalores...
que distorsionan tu almateria...
hasta que muerdas
la rabia de tu propio dolor.
Te sumirán en vicios,
en hambre, en devastación,
riendo a carcajadas,
mientras un humo
sombrío te envuelve.
Tus pulmones, tu mente,
cada galaxia de tu intrauniverso
en colapso escalonado...
mientras te desangras,
te llevarán a besar
el rostro del Hades.
Hay sueños, planes,
que un día tejiste con hilos
de luz y esperanza
para construir el Edén
de tu prosperidad,
de tu felicidad.
Un día se los contaste
a aquellas sombras,
a aquellos dientes
de filosas fauces
que devoraron
tu aliento existencial.
Aquellos espectros
de supermasivo libaron:
tus sueños,
tu almíbar,
tu elíxir cuántico,
hasta dejarte solo,
cáscara vacía,
sin sabor, sin miel.
Sorbieron tu neuroalquimia,
tu voluntad, tu paz, tu salud...
sin refractar ningún aliento de luz,
ninguna respuesta constructiva
al huerto de tus deseos,
opacando toda tu visión.
Ellos no te brindan latidos,
desangran tu existencia,
no te ayudan a edificar,
te sumergen en el ego,
en la destrucción de tu mundo.
Y cuando caigas, agónico,
cuando tu estrella
desprenda sus últimos latidos,
esos espectros se esfumarán,
dejando desangrar tu corazón...
Te dejarán postrado
en la camilla infernal,
dejando que las sombras
fracturen cada núcleo
de tu quantum.
—Ahora comprendo —dije—
ya sé qué es
la constante existencial
que me trajo hasta este lugar.
El espectro de la muerte
es real y se esconde
tras las caretas
de almaterias débiles.
Esos espectros calcinan
tu savia lumínica,
tu chispa bioeléctrica,
tu latido de luz
tu constante existencial.
Porque son:
los amigos sinceros,
el amor de tu vida,
el amor de los hijos,
el amor de la familia,
el amor de una mascota,
el amor de otros núcleos vivos,
quark, células,
estrellas, galaxias.
Son ellos, ¡ellos son!,
la constante existencial,
quienes alientan tus latidos,
son el entrelazo cuántico
existencial de tus latidos.
Aquellas almaterias
que te brindan
el aliento para surgir
a la prosperidad luz,
son aquellas las fuerzas
que delinean tu vida.
Cada fuerza que te ayude
a latir, es una constante más
de tu razón existencial.
Desde algún lugar
enigmático del multiverso
interdimensional,
hay seres que mueven
el rotor del tiempo,
desde la escala
de tu quantum.
Pintan en tu lienzo
el fin o la continuidad
de tu existencia,
están ahí, presentes,
operando en el tablero
de tu intrauniverso.
Cada escena, cada verso
de tu latido o de tu muerte.
Pero eres tú, solo tú,
la esencia de tu quantum,
el arquitecto y descriptor,
la última palabra
de la elección final
constante existencial
o del vacío abismal.
Aquel guion escrito
en un canto
o en el sollozo desgarrador
en el quantum
de tu existencia.
—Christian Aycho Carbajal



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