El Castillo Rodante












En el cantar cosmocuántico

tu cuerpo es casa rodante

tu intrauniverso estelar

tu castillo de cristal.


Tu esencia es tu alma,

cada átomo anuda

el tejido sólido o frágil

en tus pilares,

en tus umbrales

en tu fortaleza.


Tu alma es luz,

razón incandescente

que habita tu estrella,

y en su centro late

aquella única 

y ardiente llama.


Pero algo perturba el orden:

tus ventanas sórdidas

niegan el panorama,

opacan en cenizas grises 

tu visión del multiverso,

el mapa de tu reflejo.


La polución, el caos,

la basura estelar,

las cenizas, la hulla 

se han impregnado 

en tus cristales.


Cada pensamiento

es entrelazo, pulso, 

fotón con filo iónico,

lluvia de hadrones

en tu arpa, resonando

o desgarrando tus cuerdas.


De igual modo, 

has sorbido 

el humo, el moho,

los tóxicos, larvas...

y  contraalimentos.


Tu alma transmutó

tu castillo en prisión,

en escalones siniestros 

de un bucle pixelado,

de retorcido sufrimiento.


Ten voluntad, ¡por favor!

depura y renueva  tu castillo:

cada pasillo, cada muro, 

cada ventana, cada cuadro,

cada trofeo, cada objeto...


Refuerza el techo,

nivela los pisos,

renueva el interior,

con la fuerza 

de tu autoamor.


Pule la fachada,

lava tus ventanas,

pinta las paredes,

reaviva tus plantas, 

libera tus caminos.


Has logrado al fin ahora,

Has logrado brúñir 

el brillo de tu cristal,

todo será más claro

en tu multiverso.


¡Siéntate ahora!

en tu centro de control

contempla cada detalle

de tu castillo y lo que yace

más allá en la hiperdimensión.


La transparencia es absoluta

en tu cristales cuánticos,

has logrado despertar 

tu conciencia.


Y en la quietud, el giro

tu vida, un nuevo quantum

acelera las partículas 

de tus sueños y pasiones,

donde cada instante es

un latido estelar de luz

en tu estrella cósmica.


--Christian Aycho Carbajal


 


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