Saldos Sombríos












Un último suspiro abismal

de un latido pendiente

en el vacío de la cuenta.

Un eco económico clama:

¡eres tu saldo!


Enterrando almas

en cuerpos vivos,

en escalas dantescas.


Fulminando almas 

de: genios, héroes, 

pasiones, sueños y 

humanidad entera

por un ínfimo 

valor de compra.


Se alea con el sudor,

alquimizando su dolor

en aciago bronce monetario,

en la prisión del egoritmo.


Tranza el tiempo

y el calor humano

por joyas de plomo,

castillos alquilados

y alegrías efímeras.


Un gasto roto

en la baratija

de un rincón muerto

bajo luces sombrías

de nubarrones.


El alma sin espejo

murmura grandezas

y ofensas calcinantes,

infernando sus cristales,

desgarrando y fractando

el espejo del cuerpo.


Mirando y minando

los rostros quebrados

con gran desprecio;

en cada grieta

de su pasado reflejo,

un papiro de harapos.


La paloma blanca murió

ahogada en indigestión,

el fragmento de espejo

anclado a su alimento,

le desgarró la garganta.


Ningún galeno atendió,

solo por no portar

un pesado crédito

que aplastó su cuerpo.


El cuerpo destartalado

desprende perfume a muerte.

Su agónico vaho a alcohol

exhala el flagelo

de su decepción,

ametrallando el alma

en el calvario al panteón.


Pixelado y mustio,

el ermitaño del algoritmo

dejó de latir, y nadie

recordó su rostro.


Todos siguieron deslizando

los fotodramas del infierno,

riendo en ironía letal

los sufrimientos desangrados

de latidos errantes,

en burla de almas en pena.


Ya solo quedaba

el reflejo roto

de una transacción 

denegada.


Y el viento arrastra

likes de pavor

sobre su epitafio.


Donde cada rostro,

sarcástico en rojo ardiente,

es el próximo like

entre los murmullos

de la muerte.


Mas en un último cuadro,

sin fondo, en un rincón,

vibra un vórtice pixelado,

un nuevo horizonte:

cual ventana al cielo

que enciende tu calor

y tu reflejo humano.


Vierte tu cuerpo allí,

en un abrazo, e irradia.

la mano que cure

las heridas de quienes 

sangran el estigma 

del holocausto digital.

"Tu saldo es el cielo".


—Christian Aycho Carbajal



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