La Casa de Dante













Ellos anhelaban con fervor 

la llegada de su hijo,

palpapan su vientre 

oían sus latidos

jugando con sus reflejos.


Sonriendo en el brillo

de sus pupilas y 

del calcio sonriente

en sus almas de miel.


Sus corazones latían

candor en sus ojos 

irradiando calor 

y serotonina feliz.


Pese a las sombras 

de los días pesados

que aplastaban sus latidos,

pese a las espadas 

en sus tórax.


Trocaron sus días

en fríos silencios,

en momentos

sin aroma, sin sabor,

sin melodías, sin paz...


Cada día, un lamento,

el canto del réquiem,

la rutina fúnebre

que repite el gallo

en drama y espanto.


Su hogar, su casa,

la ciudad, sus viajes,

son cortejos fúnebres 

de rostros fríos y

miradas de sombras.


La música humana

irradia corrupción,

abre portales de dónde 

emergen tentáculos sombríos.


La tentación pagana

del infierno triturante

que absorbe cuerpos agónicos

y devora almas aleteantes

que gritan sin voz 

quitándose la horca

que corta el aire de luz.


Las pantallas erupcionantes

que calcinan conciencias

y con sus nubes venenosas 

sumen al abismo de la muerte 

a los cuerpos sin escapatoria.


Los monstruos de humo 

vierten sus ríos de espanto

en las truchas de mercurio

y becerros con huesos

de plomo y cianuro.


Los árboles narran

la sequía en sus frutos

y en sus flores el óxido 

del amargo sabor

del espanto humano,


El suicidio dominó

de su polución 

de su extinción 

lenta y súbita.


El hombre ciego 

ha depredado 

la savia de los árboles,

desprendiendo sus raíces,

calcinando las semillas

en páramos de sal y rocas.


Aluviones y catástrofes

son el efecto de sus manos

de barro, cenizas y sangre,

y aún jadea el humo.


Ríe con el rostro de hollín

y pólvora, viendo la agonía

del venado, con mano en rifle,

mientras sus crías le esperan 

ella salió a pastar en el pantano

de la muerte.


El Hades ríe con sarcasmo

al ver las almas envueltas

en sus redes de sufrimiento,

cortando sus lenguas con

el filo de su hoz hasta

quedar mudos y sordos.


Aceptando su infierno

hasta el último latido,

cortando su vida y lastimando

en su ceguera al mundo.


Las almas aprendieron

a vivir en pesadillas,

a respirar la noche

en días de sol.


Se conforman con morir

el sufrimiento de este

infierno, observan su mundo

pintado de pólvora y lamentos.


De gritos rotos

que rompen el viento

como el llanto

ante el ser fallecido.


Ya no se celebran

los logros,

solo las exequias

con un café

en la soledad

de una taza.


Cada quien

sufre su infierno

con un pañuelo.


Crees aún que vivimos

en un mundo real,

el infierno torturador

de las almas.


Todos sus espejos

vienen quebrados,

todos van

curando sus heridas

en llanto

bajo los umbrales.


Sus mundos

tienen heridas

cual cráteres

en piel lunar.


Ya no sacian su sed

las sedientas almas,

liban el tormento ácido

de sus lágrimas 

sin consuelo y sin cielo.


¿Crees aún que esta 

es la tierra de los vivos, 

realmente estamos vivos

o son niveles del infierno 

de Dante Alighieri?


La oscuridad baldía

que consume 

la luz de las almas,

la única realidad.


O es aquel lugar 

donde se ama

con cada aliento compartido, 

curando el dolor del mundo 

y custodiando cada latido, 


Y con la conciencia encendida 

y la sinergia revolucionaria, 

romper los muros de este infierno 

y encontrar la libertad 

que nos permitirá latir plenamente


—Christian Aycho Carbajal

Comentarios

Entradas populares