La VII Sinfonía Cuántica












En el multiverso de tu alma, 

cada tecla es una estrella titilante,

cada nota es una nave fulgurante 

viaja incesante el espacio sideral,

cada canto desciende en tus galaxias 

que se despliegan en armonía,

 

En el requiebre de la gravedad, 

en la cima de la pasión,

colisionan los núcleos de tu ser, 

transformando tu multiverso 

en un espacio de amor constelar,

donde el universo entero

late en sincronía con tus giros

en el eterno vals de la vida.

 

El Piano, funde tus tormentos

con tenues melodías,

disuelve cada grieta quebrada

de cristales de rocío ácido

que fracturan tus mejillas.

 

El Violín, desarraiga 

con sus suaves fonones 

tus llantos fractados,

quitando las nieblas de sal

que nublan tu brillo

en lluvias de electrones.

 

Purifican el amargo ácido

de tu manantial cuántico

que enrojece tus retinas

estrelladas en tus pupilas

que palpitan remordimientos

volcanes de rabia y desolación.

 

Sé que no sientes su calor,

las ondas que calentaban

tu gélido corazón; su mirada,

sus ojos, su voz, la estrella

que tus quarks contemplaban

con fervor y pasión con tus 

yemas en colisión de hadrones.

 

Tejiendo en tu intrauniverso,

en tu vórtex cuántico,

ilusiones del amor cósmico,

tus sueños reflejaban en tu pecho 

la constelación de su universo.

 

Una ilusión en tus galaxias

que desencadena tus giros

y despierta tu razón, 

en el entrelazo de tu cantar,

el poema que vibra radiación,

en cada imagen de tu alma.

 

En el filo de supernova

en el brillo de tus nostalgias,

donde su luz estelar aún brilla

en el núcleo fundido de tus latidos,

la condensación de nebulosas

ahoga tus órbitas más íntimas.

 

Eres un espíritu que se pasea

por los multiversos sensoriales,

en el velo de tus galaxias,

el arpa cuántica de tu estrella.

 

Sintiendo la sinfonía etérea

su voz, cada sílaba de su boca

sus delicados fonones reluciendo 

la armonía de tus electrones;

sentías la paz en tus cristales.

 

Vibra en tu alma aún

el eco de su almíbar cósmico

de sus lumínicos besos mágicos,

las ondas de calor de su piel,

sus labios junto a los tuyos;

tu estrella enérgica atesoraba

cada reflejo de sus ondas.

 

Las buscas en tus portales

que aún ondulan el vals sagrado

de tus núcleos orbitales,

el enlace alquímico de risas.

 

Orbitando un sillón vacío,

besos y abrazos en el parque

con ráfagas de partículas

reactivando tus mundos.

 

Bailando y deshilvanando películas,

bordando ilusiones en prisma

de tus retinas, el cine de los quarks

liberando neuroalquímicos en éxtasis

besando el cielo con tus quarks.

 

Aquella sonrisa y cada carcajada

que afinaban tus quiebres,

sacándote de los abismos

de los velos de tu angustia.

 

Con sus caricias,

con el abrazo del ¡te extrañé!

en tu cintura, diciendo:

"Mi amor, sé fuerte,

saldremos de esto..."

 

Recordando los versos 

de tus esfuerzos 

que conscienten

alquimizando sueños en casa,

en los días más felices.

 

Tu radiante y épica luz de sol,

la extraña en el frío ocaso,

en la tristeza de tus electrones

que se sientan cabizbajos

observando tu alma perdida.

 

Cada lazo que tejiste,

cada nudo de tu garganta 

palpitar golpeando paredes

con tardes de frío,

con noches de insomnio,

 

La nostalgia aún ahoga

de dolor de tus quarks

en el inmenso océano cósmico

que aún reitera el eco

en tu sinfonía cuántica.

 

Aún suspiras la nebulosa

de su ausencia, con tu voz

de fonones rotos en la tráquea,

jadeando sin aliento su adiós.

 

El vacío en cada grieta de tu piel

y de tu centro gravitacional

aún no asimila la disrupción

de su increíble perfidia.

 

El verso oscuro y ruin

que fragmentó el poema,

mas el entrelazo es obvio

tu silencio retiene

el eco de tus espins

y tu giro se altera en su vacío.

 

Tu galaxia neuronal es sabia,

tomó su rumbo a la constelación

pero tus otras galaxias comparten,

con cada latido, su nombre

que aún se repite en las paredes

de tus multidimensiones.

 

Recuérdala en el canto triste

en tu viaje interdimensional

que Dios guarda para ti 

la estrella que irradiará 

tus brillos eternos, sécate

las lágrimas y sonríe.

 

Conserva la partitura

de lo que fue, la sinfonía

que un día cambió tus órbitas

a la luz, una razón superior.

 

En tu centro gravitacional,

aún late su reflejo tu espejo

como nueva luz que irradia

ternura, calor y virtud Etereal.

 

Y llegará el instante cero

donde tu alma contemple

un nuevo pulsar que toque

en tus latidos su centro

y los giros de la felicidad.

 

Gratitud al Divo, por crearnos

en la eterna partitura sinfónica

en el canto al barro holográfico

y por tejer tu ADN existencial,

 

Son los cantos constelares

de radiantes Hadrones héroes

que te envuelven en el elíxir

de tu eterna melodía celestial.

 

--Christian Aycho Carbajal 

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