Tránsito Infernal
Aún golpea fuerte
en el nudo de tu corazón,
en el núcleo de cada quark,
de la molécula, de la célula,
del velo corporal, aquel
escalofrío que estremece
tu piel y tu palpitar.
Cada palabra despedazada
en sílabas frágiles
deslizándose lento
en tenue susurro
en la piel de la brisa
brotando de su alma,
como puñales iónicos,
quebrando tu espejo.
—Mi amor, ¡estarás mejor!,
¡escúchame, mírame!
Cuida de ti, rehaz tu vida...
Prométeme, prométeme
que lo harás...
Tú, con lágrimas,
le respondiste que sí,
sí mi amor, mi reina
la besaste, con lágrimas,
con un sí, vacío e inerte,
como cometa cayendo
en el vacío sin rumbo.
Palabras que calmaron
su agónica preocupación,
este corazón que tanto
la amó, a la luz de tu vida.
A las 09:36 a.m.
dio su último aliento,
tomando tus manos
mirándote a los ojos,
con su piel pálida...
Desde aquel instante,
te quedaste solo,
un hombre devastado,
tu alegría, tus anhelos,
se apagaron en tu mirada.
Las calles, los caminos,
sin rumbo, sin color;
las personas, cual
espectros sin lumbre...
Lloraste hasta quedarte
sin luz en los ojos.
Cada lágrima, tus luceros
desprendiéndose en supermasivo
sorbiendo tu núcleo,
tus débiles latidos...
Un miedo extraño envuelve
de pavor tu almateria,
torsiendo tus latidos y tu piel,
palpitando tu corazón sin paz.
Tus suspiros y jadeos
exhalan en alergia tóxica
sustancia dañina
que te sumerge
en ahogo existencial.
Las sombras de un vacío
cubren tu intrauniverso,
generando golpes abisales
que te llevan a caer
en un abismo sin escapatoria.
Un torbellino sorbe tu energía,
dejándote frágil en la sima,
en la caída de una gravedad
disruptiva y disonante.
Es el instante en que todo
se vuelve oscuro, y no
encuentras sentido al mundo;
piensas en acabar con esto...
El dolor que tensa
cada latido roto,
delatado por el rocío ácido
que hiere el río carmesí.
Tienes el alma frágil
y el cuerpo tieso,
frío de melancolía;
tus jadeos se llenan
de ardor, de hipotermia,
tosiendo sombras.
El desgarro en cada latido
es rabia y ácido que calcina
tu sangre en lenta agonía,
quema la frente y la almateria.
Tu voz se apaga de tanto gritar
en el silencio sin nombre,
desgarra tus ganglios,
infesta tu velo bucal.
Se inflaman tus velos,
todo se estrella en el vacío
sin brillo, donde duele
cual músculos flagelados.
No tienes hambre,
dejaste de beber agua,
piensas ya no estar
en este mundo
para no sentir el dolor.
No puedes dormir,
despierto en la penumbra
de tu cama; una avalancha
de recuerdos atormenta
tu galaxia neural.
Y si cierras los ojos,
las pesadillas vuelven
a llevar tu alma encadenada
al dolor iterado,
cual bucle sin salida...
Estás débil, no comiste
en tres días; tu gastritis
astilla tus paredes
con los ácidos del dolor.
Tus heridas sangran,
truecan el cielo
por más sombras;
se avecinan tumores,
larvas de la penumbra
que sorben tu vida.
Latidos que punzan,
muelen y trituran
cada fragmento, cada nota,
cada melodía, cada recuerdo...
Cada mirada suya grabada
en tus reflejos fractales,
un golpe que acaba
cual espada punzante
de un silencio devastador.
Aquel núcleo latente
activó tu botón
de autoapagado gradual:
un silencioso y lento infierno
donde tu almateria sufre
tus peores dolores.
Antes de dejar de existir,
nadie oye, nadie habla,
tus amigos se esfumaron,
los extraños siguen
en sus mundos,
cual almas errantes.
Esto es el infierno,
el infierno cuántico,
no hay infierno dantesco
solo estos niveles.
Sombras que calcinan
cada quantum,
cada molécula,
cada célula, apagando
galaxias de tus órganos;
en sufrimiento constante.
Un supermasivo sorbiendo
todo a su paso,
aniquilando la existencia,
cada latido de la almateria,
hasta calcinar tu último suspiro
el último pulso bioeléctrico,
de tu alquimia cuántica.
Pero.
Una mano viene por ti
para sacarte de este lugar.
No estás solo.
Ya estamos aquí.
Solo escucha cada instrucción
de estas letras que resuenan
en tu almateria, tu universo.
Este poema es un portal,
estas manos te llevarán
a un lugar seguro, donde
no existen torbellinos,
donde la luz habita.
Escucha tu sinfonía cuántica:
el canto de las aves,
el canto de la fuente de agua,
el canto del bosque,
el pulso del firmamento,
el pulso de hadrones,
el pulso de ondas
en noches y días estelares.
Tus deseos, tus plegarias,
tus susurros, tus grietas,
tus dolores, tus problemas...
el Universo Cuántico-Cósmico
te oye, aquí...
Él escucha tus latidos,
el dolor épico de tus tragedias.
Él conoce tu dolor,
tu almateria; solo necesita
que lo sientas.
Él está en cada núcleo latente
de todo el multiverso etéreo
y en tu intrauniverso cuántico
que se llenará de nueva luz.
En un abrazo de sol,
en un calor inexplicable,
en el entrelazo de la amistad,
del amor que volverá
a tu vida... ten fe.
Escucha a las personas,
Dios se acercará
con sus voces
hacia ti, con el pan,
con el abrazo,
con el aliento existencial.
Desprende de ti el caos,
rompe las fauces del agujero,
las sombras infernales
que se adhirieron a tus pies.
Recobra tu esencia humana,
tu elíxir alquímico que reactiva
tu Quantum en sonrisas
tu conciencia, tu constelación,
y los confines de tu vida de hoy.
Mas en el renacimiento
te espera el quantum,
con tu alma fuerte,
la chispa bioeléctrica,
que Dios encendió.
Porque Dios es la luz ondular,
la chispa divina
que configura y enciende
tu savia lumínica.
Da lo mejor de ti,
la vida es el presente,
un día lleno de instantes
que no se repetirán
otra vez...
Vive el entrelazo de tu
existencia interdimensional,
que la vida de este cuerpo
es un peldaño a la trascendencia.
—Christian Aycho Carbajal



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