IV Canto a Dios








El río de cristales cuánticos

viaja en el éter

por cauces líquidos, rocíos,

ríos, lagos, aguas subterráneas,

manantiales, rumbo a los océanos.


Nadie puede beber

las aguas del mismo río,

el río de los cristales hídricos

es continuo, en el ciclo de la vida,

el flujo de la constante,

donde cada quark es único,

y cada instante es nuevo.


El río fluye, sin cesar ni pausa,

llevando consigo

la savia lumínica transfigurada

en esencia de la vida,

en un ciclo eterno,

de nacimiento y muerte;

cada ciclo es un renacer.


Todas las almaterias pulsantes,

giratorias, aleteantes, deslizantes,

paseantes, aéreas, levitantes...

materia y alma en conjunción,

poseen una razón en sus esencias:

mantener el ciclo vital del río etéreo,

la sagrada creación divina.


En el latido de cada corazón,

en el aleteo que despliega el vuelo,

en el deslizamiento, en cada paso,

se encuentra la constante existencial.


Los árboles liban las aguas

y los cristales cuánticos de la tierra

para continuar su desarrollo

genético y eternizar su propia esencia.


Los árboles al crecer

luchan contra la gravedad

para alzar sus tallos y hojas

en búsqueda de la luz,

el calor y los pulsos etéreos,

humanos y seres vivos, 

siguen la constante.


En el otoño no mueren los árboles,

mantienen sus raíces, sus pilares,

sus ramas que soportan los golpes

del invierno, de los vientos, 

de las tormentas; el árbol mantiene

su esencia para una nueva primavera.


El desarrollo de las plantas

se debea los pulsos, a las ondas

de los púlsares y lunas,

y fotones del sol; todos pulsan

la ondulación cuántica en el xilema.


La florecencia, frutecencia

tienen un don: el de nutrir

a todas las almas,

con el oxígeno,

con la savia lumínica

de su néctar alquímico,

la sinfonía estelar de la vida.


Los frutos poseen las semillas

que los seres vivos al restaurarse

las diseminan y vuelven 

a los pliegues de la Pachamama,

las semillas nuevas vuelven

a germinar para continuar 

el ciclo eterno de la existencia.


Ante la crisis,

siempre habrá

semillas esperando

germinar sus raíces,

como también árboles 

sin hojas, esperando despertar

luego del sueño estacional.


Las almas pasan estos ciclos

para superar la gran travesía

que requiere de seres fuertes

capaces de adaptarse

a las condiciones rotacionales,

del caos, de las crisis, del colapso.


Todo acto que dañe o apague

el curso del río etéreo,

aniquilando la vida

de los seres, es antinatural,

infernal, no humano,

que va contra la creación de Dios,

es un acto contra Dios.


¡Gracias Dios!, por habernos creado.

Te lo digo en nombre de todos

los seres vivos: humanos,

flora, fauna, microorganismos,

células, moléculas, quarks... 

y en nombre de todos 

los elementos fractales

de toda tu creación...


¿Quién soy yo, Señor,

para negar la luz , 

o sustraer el aire

a un ser, para osar 

apagar su aliento?


Yo soy el custodio,

el guardián, el héroe

de tu creación, mi Dios,

tu obra celestial.


--Christian Aycho Carbajal


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