La X Sinfonía Cuántica
El susurro de las luciérnagas
jaspean el tiempo,
con sus alas de luz
pulsan el soplo del multiverso
interdimensional,
latimos todos en sinfonía
en la partitura
de la línea existencial.
Los quarks de sus luceros
seleccionan los frutos estelares
para libar el almíbar alquímico,
savia lumínica vital.
Elige rosas,
desata las ataduras,
trazando el camino
del quantum
en la penumbra nebular.
Sus cristales,
océanos de azul y jade,
reflejan la conciencia inteligente,
latiendo cual estrella
que recuerda su origen
en el pliegue del barro cósmico.
Intercambia el sacrificio
de sal y ácidos
por el néctar de la flor cuántica
florece en la interdimensión
de lo posible, donde el esfuerzo
se transfigura en éxtasis.
El trabajo de los cuerpos vivos
contiene la recompensa
del Edén Cósmico,
no promesa lejana,
sino fruto presente que madura
en cada acto consciente.
En el quark celular nace el deseo
que enciende venas,
pulsos, brillo estelar
incendio alquímico
disolviendo sombras
para revelar el río cósmico.
Contempla su firmamento
ama los latidos del éter
que animan su existencia:
del quark al corazón,
de la célula a las galaxias,
cada ser un eco fractal
del multiverso latente.
Ama a aquella estrella,
jazmín constelar
que encendió
el éxtasis de sus quarks,
sus latidos delinean
el genoconductor
en un abrazo cuántico
que teje el destino de su linaje.
Aquella divina flor
que Dios talló
con quarks de diamante,
cabellos de supernovas,
piel de nebulosa musa
mensajera que enternece
el alma del quark,
En el poeta eclipsado
Entrelazado por el amor
de una radiante mujer.
Suspira en silencio,
late mariposas de serotonina,
neuroalquímicos de luz
que transfiguran el corazón
en puro crisol del sol
donde la materia
besa la conciencia.
Las fuerzas del abrazo ondular
tejen ternura y belleza
en rostros estelares,
donde hadrones y bendiciones
colisionan en la almateria
creando bellos fractales
de existencia.
Las almaterias trenzan
sueños-horizontes
que se curvan
en coordenadas estelares,
cada travesía un hilo conductor
de luz hacia la estrella
que somos en esencia.
Todas las especies,
hologramas de cristal
universos fractales evolucionamos:
nada se detiene,
todo nace y renace en cada ciclo,
Cual abrazo de gaviotas unidas
en el Ayni cósmico,
rompiendo las barreras del tiempo,
con sus alas de púlsares.
La lucha épica es fractal:
cada dimensión desde neutrinos
hasta galaxias activas
el pulso por la vida,
batalla sagrada donde morir
es cambiar de forma.
El alma es luz espiral
que mueve el velo
del barro cósmico,
bioelectricidad ondular
que anima la materia
y delinea su contorno
en el lienzo del infinito
óleo de lo posible.
Todos los seres vivos
son conductos
del éter alquímico,
savia de luces
que entrelaza
la vibración estelar
en una red dorada
de consciencia.
Somos energía viva
del mismo río constelar,
luciérnagas que aletean
la sinfonía cuántica
en cantos filarmónicos
que atraviesan ciclos
de memoria ancestral
al futuro.
El océano infinito
se recorre con cada paso,
con alas, aletas,
levitación, spin que gira
en espirales de electricidad,
pulsos, luz, camino gozoso
hacia lo eterno.
Somos la vida misma
en eterno renacer,
abrazo cuántico
en el pristal que late
en el pecho del multiverso,
energía fluyendo en cada mirada
que reconoce su génesis.
Dios es la energía primordial
que late en todos los núcleos
del multiverso,
Somos el eterno conducto cuántico
que interconecta a todos
en el Ayni en el abrazo ondular
que palpita la sinfonía
en tu corazón estelar.
--Christian Aycho Carbajal



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