Crímenes de Odio
Pienso que he muerto,
en aquel devastador instante
y que este reflejo
es una pesadilla viva
del pavoroso infierno.
Yo la amo, la amé
los amé, los amo,
envuelto en infame sombra
atado al cruel abismo
al agujero negro astillante,
que me consume.
Tres y Miles de latidos silenciados
en el mármol que esculpimos
en el templo que construimos,
un santuario de amor que erigimos.
Una familia que abracé,
en cada imagen,
en cada momento
que se desvaneció,
que ya no existe.
Podrán narrar mentiras
pero jamás podrán
ocultar su odio
y los toneles de su barbarie,
ante los reflejos del cielo
ante los cristales cuánticos
que archivan semejante holocausto.
¿Por qué el odio,
por qué matar?
Perdí todo,
no logro encontrar
respuesta, ni razón,
de qué está hecha
la humanidad.
Podrán haberme llevado
a calcinar mi piel en las brasas
del mismo infierno,
para descifrar
el odio del Hades a Dios,
a la creación más amada
de mi existencia.
Conocí el rostro del amor
en mi alma mater,
cuando cursaba estudios
para ser docente,
fue ahí que mis latidos
fueron eclipsados por
una hermosa mujer,
Aisha, mi compañera,
una mujer angelical
divina, amable y religiosa,
solíamos formar
grupos de trabajo.
Juntos cultivamos
las semillas de amor,
un árbol de latidos felices
que creció bajo el cielo
de un arrebol, el jardín
de lo que fue mi hogar.
Un amor que nació
en un momento mágico,
la providencia nos acercó,
eramos los últimos
haciendo las tareas,
en la biblioteca.
Ambos coincidimos
el mismo momento
en sacar el único ejemplar
del libro que sobraba,
tuvimos que compartir.
Compartimos el libro
compartimos sonrisas,
la tarea, sin pensar que
se fue más allá al infinito
del firmamento constelar
donde yacen sus estrellas.
Jamás le había mirado
a alguien a los ojos,.
pero en sus pupilas
me quedaba absorto
observando su luz.
Mi corazón palpitaba,
estaba hechizado
por su carisma, por su voz,
aún escucho en cada eco
de mi alma, constante vital.
La magia del amor
vibraba cual estrellas
de papel, unas notitas
de versos que brotaban
de mis latidos más profundos
aquellas bonitas locuras,
que endulzaban sus sonrisas.
Un amor almibarado
en flores, paseos, momentos
en familia, al terminar
el instituto nos casamos,
mi felicidad, mi vida.
Planeamos viajar en familia
a Disney, en el décimo cumpleaño
de mi hija Alana, era el regalo
de cumpleaños, había ahorrado
para ver el mejor regalo divino
la felicidad en los rostros
de mi familia.
Mi hija mayor Emira,
bordeaba las 16 primaveras
estudiante destacada,
apenas una damita,
tejía un mundo de sueños.
Eran las cuatro de la madrugada,
cuando escuché la explosión
de un ensordecedor misil
en la habitación de mi hija mayor.
Mi alma se estremeció
mi hija menor gritaba
mi esposa se quedó con ella
mi desesperación, lágrimas,
mis gritos golpes al alma.
Fui alma cual flecha
a ver si habría esperanza
de ver con vida a mi hija,
y solo encontré piel,
la sangre en polvo
en cemento pulverizado.
Desapareció mi angelita,
en ese instante
Oré por sus alma a Dios,
abrazando su ropa,
mi corazón despedazado,
mi mirada en ruinas.
El estruendos de las explosiones,
seguían resonando,
unos soldados irrumpieron mi hogar,
oí una ráfaga de disparos,
me hizo saltar,
era el grito de mi esposa,
bajé veloz al primer piso.
Mi hija menor daba
sus últimos jadeos de ahogo
un charco de sangre
cubría su espalda, las balas
perforaron su pecho y la sien,
el horror que jamás olvidaré.
Secuestraron a mi esposa,
la amordazaron y se la llevaron
los engendros demoníacos
en unas carrozas del Inframundo,
yo no pude llegar a tiempo.
Sellaron su infamia,
dejando heridas hondas,
yo salí en busca de mi esposa,
con la esperanza de salvarla,
la plaga dejó en cráteres mi hogar,
pasé a ver ruinas devastadoras.
Anduve tomándome la cabeza
pensando en hacer algo
en casas de otras personas,
ya no era solo yo, éramos dos
hombres sobrevivientes.
Tratamos de salvar otras vidas,
salvamos niños, mujeres heridas,
salvamos gatos, perros atrapados,
los llevamos a huir de aquel lugar,
tras al atentado atroz.
Ambos buscando a sus esposas,
yo no tenía nada que perder,
no teníamos armas, solo nuestras vidas,
yo estaba decidido a dar mi vida
ya no quedaba nada, solo seguirlas.
Fuimos a salvarlas,
nos acercamos al cuartel,
nos escabullimos con sigilo
en la noche, cortando los alambres,
con cizallas que encontramos.
Nuestro plan fue salvar con vida
a nuestras amadas y otras almas,
muchas mujeres amordazadas
y atadas arrastradas por esperpentos.
Fueron llevadas a unas habitaciones
la escena del espanto oír los gritos,
mujeres sometidas a violaciones
perpetrados por dantescos mandos.
Las mujeres fueron llevadas
a otra habitación luego
de este suceso, se oyeron
disparos, las mujeres fueron
aniquiladas, trasladadas por
vehículos para ser enterradas
en fosas comunes....
Unos soldados lograron
interceptarnos, huimos
por nuestras vidas
unos disparos atravesaron
la espalda de mi amigo.
Lo vi desplomarse,
yo seguía corriendo,
y lograron dispararme
en el estómago,
yo seguía corriendo.
Corrí hacia unas casas,
jamás había imaginado
correr por mi vida
disparado cual gaviota
perseguido por el mismo Hades.
Los soldados vienen
en busca de mí,
yo me desplomé,
y logré esconderme
entre los escombros caídos,
conteniendo el respiro.
Mis jadeos profundos,
en absoluto silencio,
logré ingresar más a fondo,
unos perros buscadores
están detrás de mis pasos.
Sigo conteniendo la respiración,
cada latido, cada jadeo,
era un tiempo eterno,
pude sacar mi brazo,
para limpiar el polvo
de mi rostro estaba
desangrándome.
Seguí aterrado, viendo
cada paso de los soldados,
a lado mío, yacía
el cuerpo de un niño.
Su rostro blanco,
con signos de haber llorado,
y morir asfixiado a causa
de los muros que aplastaron
su cuerpecito...
Se me quebró el corazón
la escena espeluznante,
era el peor horror del odio,
me mantuve vigilante,
hasta la noche.
Cuando el silencio del viento,
golpeaba el cielo y un búho
sollozaba el réquiem de la muerte
en un instante fugaz
cercioré y logré escapar.
La escena escalofriante,
que estremeció mi piel,
al ver el rostro atroz del odio
y de la muerte, ultrajando
a las mujeres antes
de quitarles la luz vital.
Salí de este país,
no logré comunicarme
con mi padre,
con mis hermanos
con mi familia,
el éxodo me ha conducido
a otra nación.
Estoy en un país desconocido
soy completo extraño,
en las noches no logro dormir,
no tengo hambre,
me cuesta dormir
porque las pesadillas
el horror aún me persiguen.
No fumaba, empecé a hacerlo,
sumiéndome en las drogas
para no sentir dolor,
pero el dolor es fuerte,
me siento quebrado,
mis pupilas, mi reflejo disuelto
en lágrimas y en un rostro en ruinas.
Cada escena, el peor dolor
herida que aún sangra rabia,
no es fácil soportar esto,
¡no!, me cuesta respirar.
He perdido una parte
importante de mí,
arrebataron mi mundo,
ese mundo que construí,
con mis manos, compré
la vivienda donde mi familia
tejía muchos sueños.
No entiendo por qué
tuvieron que cometer esto,
quienes dicen ser
los elegidos de Dios.
Que Dios, permitiría
que aniquilen familias inocentes,
a su divina creación
quisiera saber, qué razón hay
detrás de las grietas,
a que Dios le facinaría ver
morir tantas almaterias.
Quisiera saber que sienten
luego de acabar con las vidas,
o es acaso un placer demoníaco,
la ironía de quienes despliegan
el gatillo del odio atravesando balas
en las almaterias humanas.
Sé que ellas me escuchan,
se que me oyen
a mi esposa a mis hijas,
a mis familiares...
¡Perdónenme, perdónenme!
no puedo dejar de pensarlos,
los extraño mucho,
¡Te amo! mi esposa Aisha, Aisha
mis tesoros Alana y Emira,
nunca los he olvidado,
laten en mi pecho,
laten y duelen tanto.
Ellas sufrieron este infierno,
pero ya están en otro lugar mejor,
no descansaré hasta romper
las sombras que siguen
sorbiendo más almas...
Mi lucha, mientras viva
será encender las luces
de la conciencia más humana
para proteger a otra Aisha,
otra Alana, otra Emira,...
Almas de Dios
que necesitan héroes,
porque ellos siguen
en las fauces devastadoras
del mismo infierno.
Yo no odio a aquellos soldados,
pero, sé que hay espectros
que anudan la pólvora,
se introducen en las mentes
vertiendo ideas horroneas
aniquilando vidas
en sal y hierro en la tierra fértil,
Manirrumpiendo a la humanidad
convirtiendo en enemigos
a los humanos de otros humanos,
con crímenes de odio
a las espaldas de Dios.
Transfigurando humanos
en máquinas, drones
y proyectiles fulminantes
del su propio mundo.
En mi pecho, late la vida,
igual que las estrellas
es ese aliento que Dios nos dió
a su creación sagrada.
En este corazón no late el odio,
Dios habita en mi vida,
él es, la conciencia pura,
que intentaron aniquilar,
él es, el amor más sublime,
es el amor, el latido universal.
No lograron acabarlo,
este corazón late en mí
y en muchas almaterias,
semillas del Edén Humano,
que emergerán del polvo,
de estás ruinas.
--Christian Aycho Carbajal



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