La VIII Sinfonía Cuántica
En las majestuosas profundidades
de los oscuros océanos celestiales,
aletean misteriosas y dulces
voces
de infillones de ballenas y delfines,
entonando melodiosas sinfonías.
Mientras dentro de ellas
vastos multiversos de vida,
le cantan a la existencia,
en la gran multidimensión
de los cubos subatómicos
del tejido cuántico de hadrones.
Su canto resuena en la oscuridad,
un himno de vida y filarmonía,
un llamado a la interconexión
de los entrelazos cuánticos,
el Ayni que vibran en cada ser
elevando sus alabanzas a Dios.
De la ardiente penumbra
de las rocas desintegradas,
emergen todas las almaterias:
del vientre de la Pachamama,
del polvo cósmico del multiverso.
Nuestro origen está
en la savia lumínica
que estalló en energía cuántica,
somos almateria pulsante,
estrellas latentes...
Somos materia constelar,
barro cuántico ondulante,
savia bioquímica de hadrones.
Somos el tejido estelar
de la multidimensión,
de los cristales de quarks.
Somos el eco y suspiro
de pulsares, el jadeo vivo
que pulsa las olas
del océano multiversal
en todos los núcleos atómicos.
Todos afinan sus cuerdas
para vibrar la melodía celestial,
engranando la rotación de la vida
en el eterno vals sagrado.
Las especies se alimentan de sí,
y la materia, sin principio ni fin,
Se reencuentran en el
gran río cósmico que desemboca
en el mar existencial.
Cada ser vivo es un manantial
que viaja en la corriente etérea,
el ser humano corona la cima.
Las plantas, los árboles,
en sus raíces sorben
la savia cuántica directa:
agua, sales, nutrientes,
baterías estelares desintegradas
por hongos y lombrices...
La garra, el ala,
el anillo en la hierba,
el hongo, el gusano,
el invisible...
somos todos los engranajes
de la mecánica cuántica viva.
La materia no se crea, renace;
pulsa, crece, se transforma,
continúa el ciclo a la eternidad,
y vuelve a renacer en la sinfonía.
Somos: fotones, gluones, ondas
y pulsos, todos bailan y brillan
en el sagrado Danubio de Dios,
desde las galaxias oculares,
hasta el horizonte de galaxias.
El hombre es el hijo
del barro universal,
de la materia cósmica de luz
y pulsos donde Dios habita.
Es el hombre el hijo de Dios,
y son sus hijos todas las especies,
y todo lo que vibra en el cosmos.
Dios enciende cada latido
del corazón cósmico,
es la luz de la eterna sinfonía,
él es, el centro gravitacional
de todos los latidos del mundo.
Dios es la energía vital, pulsante,
presente en el sol, la luna,
la Pachamama;
Él es el pulso de la partitura
fundamental que ondula
con luz, calor, cristales atómicos
en todos los cuerpos estelares.
Es el movimiento, el latido eterno,
la energía existente y latente.
Dios vibra en tus venas.
El hombre y las especies
fueron creados y configurados
por este pulso primordial,
¡Gracias Dios, Todopoderoso!
El hombre sustenta su energía
de la savia alquímica
que asciende y refina
sus cristales cuánticos,
transformando la savia lumínica
en el éter carmesí de los huesos.
Todas las almaterias pulsantes
pulsamos la misma energía radiante
que mueve nuestra sinfonía.
De recolector en cuevas primigenias,
el hombre ahora alza sus techos.
Pero su esencia es la misma:
proteger con su inteligencia,
su ciencia y filosofía,
la vida en cada manantial,
en cada río cuántico-cósmico.
Nuestra misión es el amparo,
preservar la vida en todas
las especies que bailan
La VIII Sinfonía Cuántica.
El ser humano es el guardián
de los núcleos vitales,
forjando un hogar para todos,
donde la vida prosiga su curso
en el río cósmico de la existencia.
Estudiar, custodiar, preservar.
Para que no se apague la armonía
de la sinfonía cuántica universal.
Mas la corrupción
es la nebulosa,
la sombra del Hades,
el veneno de los latidos,
que busca opacar la luz
de los núcleos.
El hombre logra la claridad estelar
cuando limpia sus cristales cuánticos
con alimento y sincronía del alma;
cuando purifica las nieblas
de su savia lumínica esencial,
de su manantial cuántico.
Posee una conciencia frágil
ante el miedo, moldeada
por narrativas que lo reducen
a un ser que nace, crece,
compra y muere, en
un suspiro entre dos olvidos.
El hombre vive para disfrutar
cada latido, cada momento,
la vida es hoy, compartiendo
y luchando contra la muerte;
Cumpliendo su rol,
protegiendo su existencia,
su linaje y el futuro
de todas las especies.
Nacemos para beber
el elíxir de la vida,
defendiendo nuestra sinfonía
en armónica lucha,
para trascender
a niveles superiores.
El hombre logrará la evolución
de su alma en cada batalla
ganada contra las sombras.
La vida es en el presente.
Los cristales cuánticos guardan
cada acto, cada obra,
en el mármol estelar,
en los velos de lo eterno.
Atesorarán su historia
como entrelazo en la eternidad
del alma celestial.
Todo lo que observamos
es reflejo de la materia evolutiva,
de una genética cuántica que logró
proteger su especie
de las raíces de la muerte.
La vida es un continuum,
un río que fluye sin pausa,
salva las vidas de los demás,
de los demás hijos de Dios,
tus prójimos, eres tú el héroe,
El día que dejes tu cuerpo,
renacerás en otro para volver
a tejer el Edén Cósmico de Dios,
Dios jamás se olvidará de ti,
los quarks atesoran un lugar para ti.
Ya en el renacimiento cósmico,
las almas en otros cuerpos
ascenderán o descenderán
en la lección cósmica del camino
a la evolución de las almaterias.
Con esto, las especies del mundo
lograrán resonar sus velos
con cada latido eterno
en la Sinfonía Cuántica de Dios.
—Christian Aycho Carbajal

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