Luciérnagas Cuánticas
El cielo se ha tornado
de polvo negro,
los ríos y mares
visten luto, sollozando
rocíos sofocados...
Velando los cuerpos
de sus almas en angustia
exhalando sus últimos gritos
entre cenizas ácidas
que acallan su implorar.
Sus rostros fríos
pestañas escarchadas
en lágrimas salinas
enterradas en avalancha,
en la nebulosa catastrófica.
Muertos en la indiferencia,
en el olvido de millones
de ojos, que ven morir
las luces sin conmoverse.
Pero aún nada
está perdido
cuando me veas llegar
narraré el color
de los cristales
de los quarks.
Inundaré los corazones
con el color de la alegría
con latidos de luz,
tejeré junto al ellos
el cielo seguro para todos.
Yo seré quien sonría
cuando llegue a casa
contemplaré las flores
de tu aurora constelar.
Divisaré por tus ventanas
el jardín de tu piel
y dormiré en el césped
acariciando las hojas
de tus árboles,
Tomaré la manzana
el cielo de tu dulzura
en su suave pulpa,
en su semilla de
radiante linaje,
La esperanza
del nuevo elíxir alquímico
el canto sublime
del nuevo poema existencial.
Yo, semilla de humanidad,
seremos quienes levanten
a las almas en agonía,
curaremos sus heridas,
les daremos más aliento...
Elevaremos a la libertad
al pelícano agónico,
con plumas de oro junto
a las estrellas del arrebol.
Pincelaremos los hogares
para cada especie,
no dejaremos que se pierdan
en la noche de la amnesia.
Abrazaremos sus almas,
y nos iremos junto a ellos
tejiendo las constelaciones
volando la eternidad,
cual luciérnagas cuánticas.
Y juntos beberemos
el elíxir de la savia lumínica
de todos los manzanos
que arraiguen en los pliegues
de nuestra Pachamama sagrada
y desplieguen sus alas
hacia la multidimensión estelar.
--Christian Aycho Carbajal



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