El Canto Fantasma
Escuché aquella canción
entre suspiros que se apagan,
aquella que,
solíamos cantar
abrazados en la penumbra,
En las noches
mientras la luna cantaba
y ambos repetíamos la sinfonía
de tu intrauniverso,
Contemplaba extasiado
las estrellas de tus pupilas
tus bellas galaxias oculares
y tu resplandeciente piel.
Acariciando tus mejillas de rosa
con los versos más bellos
que cualquier palabra jamás escrita,
aquellas que trascienden el multiverso.
Aquellas noches
que pensé eternas,
donde nos aferrábamos
el uno al otro
como niños asustados,
que se toman de las manos.
Juntos, dándonos calor,
latidos, aliento, pulsos,
temblando ante el abismo,
aferrándonos para no caer,
seguros de nuestro amor.
Mirándonos a los ojos,
sonriendo y jurando
entre cada susurro
en el siseo de cada jadeo
de nuestros labios,
que no nos soltaríamos...
La canté con lágrimas en los ojos,
llorando entre gotas de sal
en mis labios, aquello que
antes sabía a savia lumínica
de la miel estelar.
Cada melodía dolorosa
entre teclas de un piano
entre los bajos desgarradores
que cortan mis latidos
en reverberante e iterada agonía.
Filosas ondas iónicas
que traspasaban mi pecho
con la lanza de tu traición,
vertiendo sombras de dolor
en mi cadáver perplejo y tieso,
Pasa tu espectro en mi mente
riendo irónico y bailando en mi cuerpo
el macabro vals del recuerdo.
Cada segundo, cada palabra,
cada ritmo despedaza
los fragmentos de nuestra historia
en cristales ácidos.
Calcinando en tormentos
cada neutrón, cada gluon,
cada protón, cada quark
con su nebulosa infernal
devastando mi universo.
La nostalgia reitera el bucle del dolor
en cada latido de mis quarks heridos,
se rompieron en pedazos de cristal
en añicos de suspiros,
en cada silencio, resonaba tu voz,
Tus ecos me persiguen sin cesar.
Tus reflejos ondean en la oscuridad,
espectros de luciérnagas de un amor
apagado, y yo me quedé allí,
Suspendido en el bucle del tiempo,
atrapado en el umbral del vórtex
en la nada de tu ausencia.
En cada nota, en cada acorde,
la sinfonía amarga del peso
de nuestra historia, el dolor
de lo que pudo ser y no fue.
La canción se convirtió
en un lamento,
un grito estrellado
que cada noche,
es una pesadilla,
Donde mi alma te pierde
en un inmenso laberinto
de rostros fractados,
de ciudades fantasmas
y de árboles negros.
Invocando a tu corazón
para que vuelva mi sol,
su luz, su calor, tu ser
a latir en el reflejo
de mi pecho gélido.
Y en el silencio que siguió,
solo quedó, el eco tu belleza
de tu luz, de tus ondas,
de tu calor en nuestra canción,
Un recordatorio eterno
de lo que una vez fuimos,
el dulce elíxir de un amor
disuelto en lo que hoy
sabe a nada,
Aunque mi almateria
se desvanezca en la sombra,
en el renacimiento mi espíritu
en la otra estrella, seguirá resonando
el reflejo de tu luz,
grabado en mí Quantum.
Desplegaré el reflejo sellado
en la memoria del quantum
en cada latido de mi nuevo corazón.
Amándote por toda la eternidad,
y volveré a escribirte nuevas cartas
y los más sublimes poemas
en mi otra vida... ¡Te amo!...
--Christian Aycho Carbajal



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