Jade
En
un punto del cosmos
donde
el tiempo
se
detiene a contemplar
con luminostalgia
la
agonía del mundo,
Yacen
infillones de almas
deslizándose
en las sombras
de
la muerte, ahogándose
en
un sufrimiento eterno,
sumidas en
dantesco averno.
Algunos
cuerpos
murieron
conectados
a sondas,
a máquinas de oxígeno,
a falta de aire,
a falta de agua,
a falta de alimentos...
En
sus rostros fractan
el
abandono espectral
que
lo llevaron al abismo
de
sus intenciones.
Verdugo
de sí mismo
en
el caleidoscopio cuántico,
sus
propias manos
soltando la
cuchilla
cayendo
sobre sí
la
guillotina del colapso
de
su existencia.
Con
reflejos desesperados
mirando
el horizonte,
donde
el Hades
les
devora su última luz.
El cielo sepia
en
humo gris
y
un sol abrasador
de
sabanas desérticas
con
ríos secos y oscuros
en
pestilente aceilodo
el
beso del alquitrán
cubierto
de tóxicos,
Pachamama
yerma.
Yacen
cuerpos
descompuestos
emanando
el
vaho del colapso,
en
la densa nebulosa
ríe
el Hades
con
gran ironía
de
la humanidad.
Mas
existe un pueblo
muy
alejado, donde
el
Hades no alza su mirada
y
la Pachamama aún
conserva
el secreto
de
las semillas.
Donde
el futuro aguarda
su
momento épico,
donde
aún no llegaron
los
espectros del infierno.
En
este pueblo,
habita
un ángel
de
doncella
de
pristal puro,
con
sus padres y
sabios
ancianos
su
corazón late
con
fe y con amor,
Un
pueblo misterioso,
donde
la paz y la virtud
son
el mayor tesoro,
que
atesora la sagrada
Madre
tierra.
Un
joven errante,
sobreviviente
de este
cataclismo,
ingresó
a
través de un túnel
a
este lugar.
Buscaba
peces
para
comer, un hombre
delgado,
lánguido, casi
sin
esperanzas de vida.
Quedó
sorprendido
al
encontrar una fuente
de
agua limpia que emergía
de
un manantial,
un
lugar enigmático.
Él,
que huyó de las
garras
de la muerte,
ingresó
a una cueva
tras
atrapar un salmón,
del
cristalino manantial.
Pensó
que encontraría
más
peces, más latidos,
su
esperanza aún persistía,
luego
de libar sediento
entre
lágrimas secas
los
cristales puros
y
masticar con nostalgia
la
carne de aquel pez.
La
curiosidad por hallar
algo
en aquel pequeño
túnel
de donde brotaba
el
agua subterránea
fue
su última esperanza.
él
se adentró
en
la profundidad.
A
medida que avanzaba,
pudo
ver un reflejo de luz
el
verde jade existencial
el
reflejo de la esperanza
de
los pristales cuánticos
radiantes
en el agua.
Tomó
aire suficiente
y
se adentró
en
aquel lugar
poco
accesible.
Fue
tanta su preocupación,
al
sentir que el aire
se
acababa, empezó
a
ahogarse y salió
a
flote en un lago.
De
repente, por una
casualidad
enigmática,
pasaba
Alice llevando
los
frutos de la cosecha
a
casa en su caballo.
Logró
divisar el cuerpo
de
Rían, se despojó
la
carga y las telas
y
nadó a salvar
el
cuerpo abatido
por
el sufrimiento,
notó
que aún poseía
calor
y no dudó
en
salvarle la vida.
Luego
de un momento
de
darle respiración
boca
a boca, despertó
vomitando
agua.
Ella
se alegró
como
nunca,
por
salvar una vida.
Él
volvió a renacer
en
un lugar tan extraño.
Recordó
haber ingresado
por
ese túnel, pero
lo
más impactante
estaba
frente a sus ojos:
Una
mujer joven
de
ojos verdes,
de
una belleza
incomparable.
El
verde jade
del
agua se reflejaba
en
el color de sus iris
sus
hipnotizantes pupilas
y
su rostro angelical.
No
podía pronunciar
palabra
alguna,
atónito
ante esta
hermosa
mujer,
su
heroína.
Ella
le preguntó
qué
le había ocurrido,
por
qué estaba tan flaco
y
cómo había llegado
hasta
allí.
Él,
le contó que la humanidad
había
muerto, que
ya
no tenía esperanza;
que
huyó de la muerte,
anhelando
hallar el lugar
donde
ahora se encontraba.
Ella
le ofreció llevarlo a casa
para
darle abrigo y escuchar
cada
detalle de su intrigante
historia.
La
pequeña aldea se reunió:
eran
seis personas, Alice,
sus
padres y unos ancianos
que
llegaron a la casa.
La
cena estaba preparada.
Se
sentaron en la mesa
y
escucharon la historia
más
feroz, narró
el
despiadado réquiem
de
la humanidad,
llenando
la sala en
profunda
consternación,
Esfumando el
apetito
de
las almaterias
fundiéndose en
dolor
y
rabia, desgarrando
lágrimas
ácidas.
Alice,
preocupada
por
lo ocurrido,
hizo
un juramento
frente
a todos,
luego
de orar
por
las almas.
—Tenemos
que
recuperar
la
tierra—dijo.
Los
ancianos y Alice
eran
expertos agricultores,
y
el bosque de la aldea
aún
conservaba especies,
osos,
venados, alces,
ardillas,
aves, insectos,
plantas,
frutales y semillas.
En
el último lugar de la tierra,
Alice
e Rían implementaron
un
enigmático sueño
de
aventura: empezaron
a
producir más frutos
que
dieran semillas.
No
había forma fácil
de
salir de aquel lugar,
cubierto
por picos nevados,
cerros
pedregosos y abisales.
que
bloquearon el camino.
Alice
contó que el trayecto
para
salir demoraba tres días,
pero
las condiciones
eran
adversas.
Alice
le contó a Rían
de
cómo un día un grito
de
metal estremeció
la
paz del pueblo:
era
un avión que había caído
en
uno de los picos del nevado.
La
sorpresa fue mayor
al
salir a la superficie:
aquel
nevado era solo
rocas
y un pequeño
pico
de nieve,
la
falta de oxígeno
era
evidente.
Rían,
intrigado y estupefacto,
no
dudó en armar un viaje
para
buscar el avión
junto
a Alice. Emprendieron
el
viaje bien preparado.
Rían
descendió por
la
ladera escarpada,
cuerpo
y sogas
en
el abismo existencial,
su
valor no cesaba,
buscando
aquel avión,
sin
temor a la nada,
mientras
Alice esperaba,
su
corazón angustiado.
Tras
horas de búsqueda,
el
sol comenzó a declinar,
la
esperanza se desvanecía,
pero
Rían no cesó de buscar,
hasta
que, al fin, en el valle
profundo
y sombrío,
hallaron
los restos del avión,
como
un milagro del destino.
La
estructura oxidada,
el
metal desgarrado,
Rían
y Alice se miraron,
con
ojos de alivio y gratitud,
sabiendo
que la noche
sería
larga y fría,
mas
juntos podrían volver.
Los
cuerpos de los tripulantes,
aún
con sus uniformes,
en
estado momificado.
Encontraron
herramientas;
el
avión contenía equipos
tecnológicos
descompuestos
armas
y explosivos.
Rían,
impactado,
le
contó a Alice
que
tenía conocimientos
en
elaboración de explosivos.
decidieron
alistarlos
para
llevarlos junto
con
las herramientas.
Al
volver a casa,
tras
una travesía
que
por poco
fue
una odisea,
lograron
regresar
sanos
y salvos.
En
la aldea había
suficiente
oxígeno:
un
pedacito del paraíso.
Alice
y Rían utilizaron
los
explosivos para abrir
un
túnel. Tardaron
un
mes en volver
por
más explosivos,
logrando
abrir un portal.
Alice
y Rían se enamoraron.
Juntos
podían hacer
muchas
cosas en equipo.
Sus
padres y los ancianos,
vieron
con tristeza la tierra
convertida
en un desierto,
Con
ríos secos y árboles
muertos.
Alice mantenía
la
esperanza de recuperarla.
Rían
y los ancianos
empezaron
a trabajar:
construyeron
diques
y
represas con el agua
del
manantial.
Poco
a poco, las zonas
cercanas
al manantial
empezaron
a recuperar
su
color verde. Las semillas
de
los árboles brotaron.
Trabajaron
denodadamente,
entregados
a la recuperación.
Generaron
lluvias,
nuevos
manantiales.
Alice
y Rían caminaron
a
la ciudad y lograron
conseguir
máscaras
y
balones de oxígeno.
Y
pudieron traer consigo
maquinaria
pesada. Rían
era
un experto maquinista,
que
aprendió en el ejército.
En
las estaciones había
suficiente
combustible.
Retornaron
a la rutina,
empezaron
a limpiar ríos,
a
limpiar todos los cauces.
La
aldea crecía cada día
con
más bosques,
mas
no se rindieron,
el
oxígeno de las plantas
empezó
a cubrir gran parte
de
la ciudad cercana.
Luego
de la jornada
volvían
a casa
con
nuevas tareas
y
preocupaciones, pero
ella
esperaba un bebé.
Los
síntomas del embarazo
la
llevaron a descansar;
sus
padres se ocuparon
del
cuidado del nuevo
ser
en camino.
Mientras
él seguía
en
el trabajo
de
la reconstrucción,
nació
su primera hija,
una
niña cuyo nombre
era
el color del futuro:
a
quien la llamaron
Jade,
verde esperanza,
carne
recién nacida
un
destino puro.
Ellos
siguieron trabajando,
reviviendo
y sembrando
nuevos
bosques,
donde
volvían a brotar vidas.
Los
animales de la aldea
empezaron
a salir a repoblar.
Alice
y Rían ya tenían
cuatro
hijos. La familia
crecía
mientras la vida
en
la ciudad recuperaba
su
color: una ciudad fantasmal,
cubierta
de vegetación.
Un
día, el cielo se estremeció
con
un rugido estruendoso,
y
una nave descendió,
como
nave extraterrestre
aterrizando
con fuerza,
en
el valle verde
y
la familia se estremeció,
con
un miedo angustioso.
Los
trajes extravehiculares,
de
color blanco, eran humanos,
con
un brillo cegador,
los
rostros ocultos,
detrás
de visores
de
astronauta
dejaban
ver solo ojos,
Eran
humanos
que
huyeron
de
la catástrofe y
descendieron
a ver
qué
había ocurrido.
Se llevaron la sorpresa
de encontrar humanos
vivos: una familia de
siete miembros, bajaron,
a contemplar el milagro,
de esta maravillosa obra.
Se unieron felices
al Plan de la familia.
juntos en minka y ayni
reforestaron y transfiguraron
los desiertos yermos,
en un Edén Cósmico
las especies renacieron,
la vida volvió
a multiplicarse.
Se unieron con alegría
al Plan de la familia,
y juntos, en Minka
y Ayni, trabajaron sin cesar,
reforestaron los desiertos
yermos y secos,
y transfiguraron la tierra,
en un jardín de vida y color.
Con cada árbol plantado,
semillas de esperanza,
y las especies renacieron,
con nuevo vigor y fuerza,
la vida volvió a expandirse,
en un ciclo eterno,
y el Edén Cósmico
se expandió,
con un resplandor
de oxígeno y vida.
La tierra se vistió
de un velo verde-jade,
y el cielo se pintó de azul,
y la familia, unida y gozosa,
celebró su triunfo,
juntos lograron,
crear el portal de un paraíso,
donde la vida florecía.
Las almaterias
volvieron a latir
la Sinfonía Cuántica
en aquel mundo,
acabado por las manos
del mismo hombre.
Un suspiro envolvió
a las nuevas almaterias,
era el oxígeno
de un jadeo profundo.
Ella vive un sueño vivo,
La humanidad sanó la tierra,
el latido del mundo.
El verde Jade de sus ojos
reflejaban luminostalgia
en el iris del planeta,
su belleza no era solo
humana, era la misma
tierra floreciendo
en la pupila cósmica
del nuevo Edén Cósmico.
La esperanza de la
tierra prometida,
surgida de la alquimia
de sus fuerzas,
recuperaron
la Sinfonía cuántica
de la Pachamama.
Diseminaron
en
cada pristal
en
cada semilla
sus
patrones
de
amor profundo
a
la tierra,
a
la vida,
al
divino multiverso.
La
energía etérea,
el
aliento ondular,
la
chispa bioeléctrica
de cada
latido,
de
tu corazón, es Dios,
por
toda la eternidad.
--Christian
Aycho Carbajal
Dedicado
a la humanidad.
Neologismos:
Pristal: Primera célula
luminosa del cosmos: unión de lo prístino, el prisma y el cristal cuántico en
un solo núcleo. Unidad transparente donde la luz se ordena, se multiplica y se
vuelve conciencia vibrante.
Ayni: Ley universal de reciprocidad: dar para recibir, recibir para sostener la vida. Pulso cuántico del intercambio, donde cada gesto retorna amplificado en el tejido del cosmos.



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