La Concepción











En toda la faz constelar

existen fuerzas que mueven 

las hélices de las estrellas,

rotando las partículas atómicas

en el corazón de todos los seres,

en los núcleos de estrellas,...

y galaxias enteras.


Una de los secretos

más enigmáticos

es la fuerza atrayente

que enlaza dos corazones.


El amor, la esencia 

más sublime de los seres,

es el elíxir del tiempo-luz,

es el néctar alquímico 

de la savia lumínica,

de cada latido.


Es el entrelazo cuántico 

de la cadena existencial

de cada suspiro,

de cada sueño...


Es la fuerza vital,

que ha inspirado a poetas,

maravillados por la belleza

de la creación, la razón 

del trino de los jilgueros...

el canto a la vida.


En el Multiverso

interdimensional 

el amor se instala

en el nido cósmico,

tejido por una pareja 

de pajarillos eclipsados,

cual almaterias forjan 

la luz de la vida.


Las almas viajan

en el entrelazamiento cuántico

a velocidad del rayo

en la onda eléctrica.


Es la concepción

el ascenso de un alma

iluminando radiante

una nueva estrella

en el río estelar.


El amor es el electroimán 

de gluones que articulan

la danza de los núcleos 

latentes de las almaterias,

en el vínculo que anuda

los gametos para transcribir

las hebras y multiplicar la luz.


Es Dios la abeja cósmica,

quien une a las almas,

durante la llegada del cometa,

del polen en el pistilo 

la flor cuántico-cosmica.


Colisionando en 

lluvia de hadrones 

en implosión nuclear

con radiante luz,

en un instante único 

donde se concibe

el nuevo ser vivo.


Instalando el alma

en el cuerpo estelar,

la almateria lumínica

que acaba de brotar,

para desplegar 

su cuerpo holográfico

en el firmamento.


El óvulo cósmico

ha fecundado 

un nuevo ser,

con nuevos latidos

con nuevo corazón 

con nueva piel,

una nueva estrella.


Sus padres orgullosos

se esmeran por proteger

sus latidos, su bienestar

su alimento, cantando 

las primeras sinfónías

al bebé que está en camino.


Ellos juegan con sus pulsos,

oyendo las voces 

y los estímulos, 

lo esperan con ansias

de conocer su nueva creación,

ahí afuera, en el cosmos,

esperando el día 

de su nacimiento.


Es la vida el continuum

del río perpetuo

al océano de luciérnagas

donde vibran

los neutrinos, los quarks,

las galaxias enteras.


Somos barro cósmico,

hecho de partículas

subatómicas onduladas

por fotones, ondas, energía

materia cifradas por el Arquitecto,

el programador de la luz divina.


Él codificó el ADN,

el ATP, en cada partícula,

en fotones, ondas,

moléculas, células...

creó todo holograma

vivo, su creación

más sublime.


Y lo que él creó

nadie ni nada arrebate

su sinfonía cuántica

ni le quite la luz

de su existencia.


Porque son infinitos

los cantos que 

las almas tejen 

a la belleza redentora

de la materia de luz,

para que las sombras 

se disuelvan y persevere.


Es la Sinfonía Cuántica

que ondula la vida,

en el hermoso vals 

del Danubio Cósmico.

de las almas que se aman.


Para que las sombras

no quiebren cada

cristal de luz de la vida,

en el infierno cuántico

en sus temibles escalas,

calcinantes y crepitantes

aniquilando a cenizas 

la sagrada creación.


--Christian Aycho Carbajal

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