Ritos Vacíos

En la cúpula eclesial

resuenan cánticos Magdalenos

sollozando insípidos fotodramas

congelando instantes de dolor 

en oscuros glaciares 

de espejos aparentes.


Nada es comparable

al dolor de quien ama

con intensa alquimia,

con el éter de su almateria, 


Con fervor de alma entregada

con el entrelazo de sus sueños 

con sus susurros que se alinean 

al ritmo de tu brillo

reflejando en ti sus radiantes 

cristales cuánticos.


Nada conmueve  

a quienes nada sienten

por el dolor ajeno,

cuando el incendio 

calcina la casa

y el cuerpo ajeno.


Ostentosas coronas

y coloridas guirnaldas 

disfrazan los epitafios, 

mas en vida compartir 

con la estrella amada

era de alto y costoso precio.


Celebran las exequias

en el quejido fracturado

que rasgan la rabia del viento

en un violín y un piano

remembrando la ausencia

más que la presencia.


Amando más a la muerte

las cenizas, polvo de calcio,

besando el dolor de sus heridas

contemplando el rostro gélido 

y yermo del sufrimiento,

con una pasión enfermiza.


Prefieren la exequia, 

el ritual que abraza la muerte 

con protocolos de solemnidad, 

más que el calor 

del abrazo humano, 


Prefieren reír 

Venerando la ausencia 

que compartir el almíbar

del tiempo en latidos 

que riendo a carcajadas 

con el sol del linaje.


En vida una visita,

endulza el café 

la sopa caliente,

un ¡llegué a casa!

una pizza...


Una rosa lozana

con el color a respiro

que enternezca el brillo 

de los quarks de sus pupilas.


Un poema, una canción 

de melodiosos versos 

como el que cantaba mamá 

en el alma, en sus latidos,

un cumpleaños a lo grande,

la calurosa medicina 

de la compañía...


Trocaron el amor 

por una tarjeta de crédito,

en ritos sin sustancia existencial,

donde compran el consuelo 

efímero y superfluo,

que no llena el vacío del alma

ni siquiera con su fina elegancia.


Derramando en el vacío panteón 

dinero en arrepentimiento,

el intento vano que no comprará 

una vida, palabras, miradas, 

sonrisas, ni los abrazos 

de la persona.


Ya no sacian su sequía

las sedientas almas,

que obraron para Dios,

no encuentran la paz

por rimbombante gasto.


Liban el tormento ácido

de las lágrimas sin consuelo

mientras abajo compran

sus boletos al cielo.


Sin una mano 

que les ofrezca 

un pañuelo para secar

sus lágrimas, ni un abrazo 

que les permita calmar 

los toneles de angustia,

que aplastan la existencia.


En las puertas del Edén, 

persisten quienes 

ofrecen préstamos

para el costoso ingreso, 

en cómodas cuotas, 


Para quienes buscan

libertad y la felicidad

más allá de las cadenas 

de este mundo en esclavitud.


Pero un rayo lumínico 

vibra en tus ríos

late en tu pecho 

y aún destila amor, 

aún lates el fuego estelar

de mamá, papá, hijos,...

que no lograron apagar,


En tu estrella, 

en tu sol gravitacional

de tu intrauniverso

yace la llama viva del cuasar

capaz de encender 

los corazones apagados

y abrazar con donosura 

a tus seres amados.


¡No!, no esperes nada,

solo vive el hoy

visita a quienes amas,

pasa los momentos más 

agradables a su lado,

el costo de hoy será 

la gratitud eterna del amor.


--Christian Aycho Carbajal


Poema dedicado a la humanidad,

con mucho amor.


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