La IX Sinfonía Cuántica













Siente en tu cósmica piel, 

agujas iónicas en cada latido 

los restallidos al corazón 

en tu neuroalquimia.

 

El susurro desgarrador

de las almas que reman 

tu largo y pesado andar,

mientras vuelas en el letargo

vertiendo el eclipse del Hades,

tu propio reflejo existencial.

 

El dodo extinto

en lágrimas con alquitrán,

la paloma migratoria 

nunca más volvió,

el tigre de Tasmania,

el alca gigante, ...

aniquilados del mapa

por nieblas inhumanas,

 

Aniquilados por la codicia

por nuestras manos,

manchadas de hierro, 

pólvora, cenizas y 

larvas dantescas.

 

Escucha aquellas voces 

que suplican por cada latido; 

voces que nadie escucha, ¡nadie!

reflejos que pocos empatizan,

mientras el mundo sigue ciego...

 

Un murmullo de olas palpitantes

teje la luz de luna y púlsares,

enciende la vida en el mar

Cordilleras, Alpes y glaciares,

hidratando las almas yermas.

 

Mas las ballenas tañen sus arpas

acuáticas, y en jadeo oceánico

los delfines y violines sollozan

el canto de sus últimos latidos.

 

El clamor fúnebre de la extinción,

que no afecta humanos aún,

polución, guerras, la minería letal

el diluvio cuántico universal se avecina.

 

¡Y estalla el canto! Elefantes vibran

sus trompetas terrenales, se alzan

con tubos y trombones de serafines

aperturan la velada celestial.

 

En el cielo interdimensional

los cristales de Dios se quiebran:

gluones, bosones, protones

y electrones, derramadas por

la nostalgia del alma del piano

lágrimas ácidas de cianuro.

 

Disuelven su calor, 

en hulla derretida 

que cierra los párpados 

en ríos secos de lágrimas 

aniquilando las luces,

de las mantras y mantas

del cristal subatómico.

 

Los grillos y las cigarras zumban

la alegría del cosmos.

El ruiseñor y el coro 

de cardenales y picaflores

encadenan las ondas.

 

Es el aliento estelar, 

para despertar la conciencia,

aun así, nadie escucha...

 

El pájaro lira despliega 

sus titánicas alas

para destilar la esencia 

de las estrellas cósmicas

para arder sus notas de auxilio 

en el firmamento filarmónico.

 

Retumban infillones

de redobles africanos,

tambores del cielo

levantando las almas caídas,

sanando los corazones rotos,

y aún no lo has notado.

 

Y vuelven las rosas a lucir

sus pétalos celestiales.

millones de vilanos, mariposas

palomas y estrellas bailan en el cielo,

estremeciendo las cuerdas cósmicas

de las almaterias dándole pulsos

a quienes calcinan sus raíces.

 

Los árboles liban

el rocío refrescante,

sus raíces encienden

antenas clorofílicas, 

 

La savia lumínica

vuelve a polinizar la brisa,

atrae a la apiestrella

para florecer el dulce elixiel.

 

Orquídeas tejen trenzas idílicas

con dalias, narcisos y tulipanes;

estrellas de un tejido de pétalos

surgido de los quásares.

 

La pulpa de la uva

estalla en los dientes,

el mango en el paladar;

las cerezas bailan en tu lengua,

los dátiles inundan de

fulgurante dulzura...

 

La suave melodía se desliza

en el viento, para estrellarse

en un muro de silencio

contra los cuerpos de alas

y picos quebrados.

 

El alba sagrada reaviva

cada nota del manantial

en el vaivén que ondula

las aletas y branquias

de truchas y salmones.

 

Todos alimentan al humano

en el gran éter de su existencia 

todos gritan, todos claman,

pero sus voces se pierden en el viento.

nadie escucha, nadie responde.

 

La sinfonía estelar sigue vibrando,

el Ayni del entrelazo cuántico sigue 

de pie latiendo los corazones,

pero la humanidad sigue su camino,

rumbo al abismo del colapso terrenal.

 

Los gorriones trinan 

hasta quedarse afónicos,

sus cantos se desvanecen

en el devastador humo tóxico.

 

El poema se resquebraja 

en rabia y dolor; aun así 

ellos siguen halando 

el Arca Existencial 

en el inmenso mar.

 

Donde el hombre fulmina 

a los tripulantes,

nadie oye las almas en pena,

nadie escucha su sinfonía.

 

Tan solo les ruegan a los hombres

que recupere su esencia humana,

que proteja la existencia de todos,

pero nadie llega a oírle.

 

La humanidad desliza sus dedos

en vacíos quebrados 

en el portal de cristal 

les roban risas vacías, 

mientras las sombras les devoran 

su vibración y le cierran los oídos

 

Un niño apaga el vórtex de su Tablet

sin oír el desgarrador violín del delfín

que se extingue en el vacío del mar

en un poema olvidado y disuelto,

en el diluvio del corazón humano.

 

En el vals hiperdimensional,

todas las voces se alzan,

fundiéndose en un abrazo ondular,

ondas y fotones, luces y energía,

la Sinfonía Cuántica resuena 

y alza su alma de protesta

¡Es el futuro ahora! 

 

Sus cantos celestiales

sacuden los cimientos 

del multiverso completo 

sembrando la semilla del amor

en el tempano humano.

 

Latiendo el enigma 

de un eco divino

la armonía cósmica de Dios 

que inunda cada latido 

del corazón humano, 

 

Las notas musicales

se despliegan en la flor

de la primavera cuántica

del Edén Multidimensional,

danzando en la eternidad.

 

Es Dios cada latido,

la energía pulsante 

del cristal cuántico,

tú decides el buen latir,

quitarte o quitarles 

la vibración generando 

el cisma de colapso.

 

—Christian Aycho Carbajal

 

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