La XI Sinfonía Cuántica
Las alondras estremecen
desde los cimientos del cielo
el manto del quantum,
con sus pulsos de luz.
Los ruiseñores
vierten sus trinos
en la fuente de los deseos,
derraman sus ilusiones
vibrando sus ecos
en los pristales cuánticos
en los fractales radiantes.
Los púlsares tejen el latido
del xilema, cargando la luz
a las flores, a los frutos
vertiendo el aliento
en los labios del humano
que muerde la manzana,
Y en las sedientas almaterias
que liban el néctar lumínico
y la pulpa del elíxir sagrado
de la existencia cósmica.
Las hormiguitas llenan
su hogar de latidos,
el entrelazo los mantiene
unidos, el Ayni Estelar.
El firmamento cósmico,
es un hogar alquímico
donde todas las especies,
desde Quarks hasta Galaxias
trenzan la vida, en luz, ondas...
Si el hombre se considera
la especie más inteligente
del planeta y no respeta
la vida de las almaterias,
entonces de nada sirve
nominarse un ser inteligente.
Si el hombre contamina
los ríos, los océanos,
yermando paisajes
extinguiendo las especies,
debería no beber el agua.
El hombre muestra
su esencia más humana
en los hechos,
en el reflejo del amor
en el espejo fractal,
Una sana alimentación
un cuerpo aseado
una habitación limpia
una casa pulcra
una calle limpia
mundo sin polución,
mundo sin holocaustos...
La esencia purificada
de la almateria
es la expresión cuántica
interdimensional
de la conciencia lucida
de la inteligencia fractal.
Respetar la vida
de los demás seres vivos
es una forma querer
la vida del prójimo,
pero ayudar a vivir mejor,
es amar a Dios.
El hombre no debería actuar
solo para reflejar el dolor
de sus heridas,
desecadena un efecto dominó
de mayor intensidad.
por el contrario, debería
instar a no caer en la herida
a los demás.
Cuando el hombre
aprenda a sembrar,
a cultivar sus alimentos
aprenderá a amar la vida,
a amar la Pachamama.
Las plantas nos enseñan
a ser más humanos,
al igual que las mascotas,
al igual que todos los seres.
Y la misma humanidad
somos todos, núcleos
del mismo tejido
de la creación divina.
En el río de las almaterias vivas
la esencia holográfica animada,
coexiste en un multiverso
interdimensional inmenso.
En diversas y enigmáticas
escalas, donde el quantum
repite la luz vital de los
pristales de la existencia.
Podremos ser
de diferentes especies,
pero en el quantum,
somos los mismos cristales
que laten la vida,
en tanto el renacer del alma
pertenece al mismo río.
Somos todos, especies
que pulsan los mismos latidos,
y latimos la vida en nuestros
manantiales, en tanto la vida
es un ciclo interminable
de intercambios de almas
en cada renacimiento.
Las especies evolucionaron
para proteger su especie,
sus latidos, pero muchas
de ellas desarrollaron
la convivencia mutua.
En el tejido de todas las especies
del multiverso, cada pristal
unido al fractal universal
laten en un solo núcleo,
el corazón de Dios,
el latido más sublime.
Somos todos parte
del entrelazo existencial,
un acto en contra de la
ley del latido universal,
es simplemente el colapso
la muerte, el infierno,
es matar a Dios.
Todos los pristales
interdimensionales
repiten el reflejo feliz
de la Sinfonía Sagrada,
la Sinfonía Cuántica.
Cántale al mundo,
cántale a Dios,
el amor es alquimia pura
el abrazo ondulatorio,
que los pristales responderán
con felicidad cuántica
en el renacer existencial.
Siente el jadeo del cielo,
la brisa es el suspiro
de las estrellas y
del murmullo lunar,
que tejen en tu corazón
el latido de Dios.
Honra a las almas
que tejen tu respiro,
protégelos, ámalos,
sé, el héroe y guardián
interdimensional
que proteja la vida
del colapso, teje en él
el Edén Cósmico
Y estarás honrando
a Dios en la máxima
expresión sinfónica
que cualquier palabra
vacía y desierta.
--Christian Aycho Carbajal



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